El reciente escape de vapor de una
cañería fracturada en la unidad No. 3 de la usina nuclear Mihama
perteneciente a Kansai Electric Power Co. (KEPCO) en Mihamacho, Fukui en
Japón que mató a tres trabajadores y las fallas durante las inspecciones
de las cañerías de refrigeración en otros cuatro reactores operados por
KEPCO revelan serias falencias en el cumplimiento de las medidas de
seguridad de las centrales nucleares japonesas.
Las autoridades de Fukui y el
gobierno central están examinando las causales del accidente del 9 de
agosto y también intentan establecer las responsabilidades en el hecho.
Lo que ha quedado claro es una
baja en la calidad con que se administra la seguridad en una facilidad que
compromete la existencia de materiales radioactivos.
La Planta Mihama tiene un reactor
de agua liviana presurizada (PWR) en la que el agua de refrigeración es
bombeada al circuito primario a través del reactor, transfiriendo el calor
a un generador de vapor donde un sistema secundario de refrigeración
produce el vapor que impulsa la turbina del generador. En el Japón actual
tenemos 23 reactorres del tipo PWR.
En el accidente en la usina Mihama,
una rotura en una sección de la cañería de acero al carbono vinculada al
sistema principal del sistema secundario de refrigeración, con un diámetro
aproximado de 56 centímetros y un espesos de 10 milímetros causó una
explosión de vapor hiper-calentado y en muy alta presión.
Las autoridades de KEPCO aseguran
que en ningún momento se comprometió la seguridad del circuito primario y
el reactor. Sin embargo, los directivos indicaron también que la empresa
estaba más preocupada por el control que se realiza de la seguridad del
circuito primario dejando relegado el análisis exigente que debería
haberse efectuado en el equipamiento y software del sistema secundario.
Pero el caño no había sido
controlado desde que la central comenzó a funcionar en 1976, reconoció
KEPCO, la segunda empresa de servicios públicos de Japón.
El problema principal, en términos
del equipamiento de una central nuclear y sus facilidades complejas es que
la sección fracturada era parte del sistema de cañerías principales de la
usina.
"Las cañerías principales
requieren la más elevada atención desde que un accidente en esa sección
puede conducir muy fácilmente a una catástrofe", dijo Tatsuo Kondo, un
profesor integrante del Instituto de Investigación en materiales de
la Universidad Tohoku.
La sección de la cañería rota en
el accidente tiene un espesor apenas de la mitad de la que se utiliza en
la sección principal del circuito secundario de refrigeración, el cual es
en las usinas japonesas de 21 milímetros.
Se utilizan diferentes materiales
para la construcción del sistema primario y secundario. El "piping" del
primario está hecho con acero inoxidable, que es más resistente que el
acero al carbono.
Fuentes de la industria nuclear
aseguran que costaría una fortuna utilizar acero inoxidable para todo el "piping"
de una central. Pero es necesario considerar seriamente medidas para
fortalecer la resistencia del "piping" del circuito secundario, dado que
en importante número de usinas nucleares japonesas se aproximan al fin de
su vida útil además de las dificultades que se observan en la construcción
de nuevas plantas que las reemplacen.
El software utilizado para operar
la planta nuclear Mihama también falló.
Bajo el sistema de seguridad
establecido para el sistema primario, una pequeña fuga se puede
ubicar muy rápidamente para prevenir la fisura más pequeña en la cañería
que podría conducir a la explosión. El sistema primario de las centrales
nucleares también cuenta con muchos otros mecanismos de detección de
fallas.
Pero en las usinas japonesas hay
pocos dispositivos que protejan al sistema del circuito secundario.
El reactor N° 3 en la usina de
Mihama automáticamente se apagó inmediatamente después del accidente
únicamente porque el generador de vapor detectó un descenso en los niveles
de agua como resultado de una pérdida.
Los operadores de la planta
supieron del accidente cuando una alarma contra incendio comenzó a sonar
debido a la elevación de la temperatura en la zona del escape. El desastre
pudo haberse previsto perfectamente si la anormalidad hubiera sido
detectada en forma temprana con un sistema de control para detectar las
pérdidas pequeñas.
Un sistema para detectar
anormalidades "antes" del fuego es el mínimo requerido para el sistema
principal de cañerías.
El método con que se conducen las
inspecciones también debe ser revisado porque las plantas nucleares de
KEPCO han estado funcionando con una capacidad superior al 80% durante la
mayoría de los últimos años.
Todos sabemos que esa
extraordinaria tasa de utilización se logra únicamente reduciendo el
tiempo asignado a las inspecciones. El último accidente ocurrió durante
las preparaciones para una inspección de rutina.
Las compañías no deberían ser
culpadas por tratar de reducir costos. Pero la negligencia en materia de
seguridad puede conducir a una catástrofe de magnitud superior a la
última.
El gobierno central del Japón y
las empresas de electricidad deberían comprender que un accidente como el
de Mihama puede ocurrir en cualquiera de los PWR que están operando en la
Nación. Deberían revisar su administración de la seguridad en los sistemas
secundarios de todos los reactores operativos.