Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"

Enero de 2004   

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China

El Dragón sediento

.Con 1.200 millones personas, China es el país más poblado del planeta y el tercer consumidor de petróleo, detrás del EE.UU. y Japón. En los últimos años, China ha estado realizando un proceso de industrialización acelerado y se ha convertido en una de las economías de más rápido crecimiento en el mundo.

Con un PBI real que crece a una velocidad de 7% al año, China requiere cantidades crecientes de energía para sostener el ritmo de su desarrollo económico. Su consumo de petróleo crece a razón de 7.5% por año, siete veces más rápidamente que el EE.UU.

Este vertiginoso crecimiento en el consumo de petróleo se ha acelerado principalmente debido la transición en gran desde el empleo masivo de las bicicletas hacia los automóviles privados, más accesibles desde la incorporación de China a la OMC.

Por consiguiente, se espera que para el año 2010 China tenga 90 veces más automóviles que en 1990. La cantidad de automóviles que circulan por China crece a un ritmo de 19% al año, las proyecciones muestran que China puede superar el número total de automóviles circulando por los EE.UU. para el año 2030. Otro factor que contribuye al marcado aumento en las ventas automovilísticas, es el precio muy bajo de la nafta en China. El combustible en China ubica su precio entre los más bajos que se registran en el mundo para un país que es netamente importador de crudo; y es un tercio de los precios que se cobran al consumidor en Europa y Japón dónde están gravados con fuertes impuestos para desestimular el uso de gasolina.

Fuentes de aprovisionamiento

Gracias a los famosos contratos petroleros, entre 1970 y 80 China logró ser un exportador neto de petróleo, pero a partir de 1993 merced a su gran desarrollo industrial la situación se invirtió y se convirtió en un importador hasta resultar crecientemente dependiente de los suministros petroleros realizados desde el extranjero.

Actualmente, China importa 32% de su petróleo y se espera que duplique su demanda de petróleo importado desde ahora hasta el año 2010, llegando a se el segundo consumidor de petróleo del mundo. Un informe de la Agencia Internacional de Energía predijo que en el año 2030, las importaciones de petróleo chinas igualarán a las importaciones actuales de los EE.UU.

La expectativa de China frente a esta dependencia futura en las importaciones de petróleo ha llevado a sus dirigentes a un interés en la exploración y producción en lugares muy diversos como Kazakstán, Rusia, Venezuela, Sudán, Irak, Irán, Perú, y Azerbaiyán.

Gran parte del esfuerzo político realizado en el exterior tiene Oriente objetivo a largo plazo, mientras que en el plano interno se trata de diversificar las fuentes de energía con megaproyectos hidroeléctricos y nucleares y de participar en los programas de introducción de nuevas tecnologías como el hidrógeno y el automóvil eléctrico.

Pero a pesar del esfuerzo diplomático que ha hecho la alta dirigencia china para diversificar las fuentes de aprovisionamiento de hidrocarburos, China ha quedado muy dependiente respecto de sus compras de petróleo a Medio Oriente. Actualmente, el 58% de las importaciones de petróleo provienen de esa región. Para el año 2015, la proporción de petróleo comprado a Medio Oriente llegará al 70%.

Aunque históricamente China no ha tenido intereses estratégicos permanentes en Medio Oriente, su relación con la región de dónde procede la mayoría de su petróleo ha aumentado considerablemente su importancia.

Cambio de Eje

Hasta el presente, las relaciones de China con los EE.UU. han estado centradas en el problema de Taiwán y en un tenso debate por los derechos humanos. Ahora esta relación deberá cambiar su eje porque es claro que el acceso de China al petróleo de Medio Oriente se volverá un problema importante en las relaciones entre las dos potencias.

Por el momento, China reconoce que su seguridad energética es en parte dependiente de la cooperación con EE.UU..

A China las buenas relaciones con el EE.UU. le han permitido disfrutar de beneficios económicos concretos y de un –aunque complicado- certero acceso a los mercados. Pero la visión de estas ventajas se contrapone con la percepción entre muchos líderes chinos que los EE.UU. pretenden dominar el Golfo el Pérsico para ejercer su dominio sobre los principales recursos energéticos mundiales y que con ello intenta impedir el desarrollo de las aspiraciones de la China en la región.

Para estos líderes EE.UU. son considerados la principal amenaza para la seguridad energética de China en el largo plazo.

Aunque China está intentando desarrollar múltiples proyectos petroleros fuera de Medio Oriente, Beijing se verá forzado por la necesidad para nutrir sus relaciones con los principales productores de Medio Oriente, como una "póliza de seguro" para su propio desarrollo económico.

Pero sus esfuerzos por establecer una posición en Medio Oriente y construir una cadena de eslabones estratégicos a largo plazo con los países considerados hostiles por EE.UU., podrían afectar gravemente los actuales vínculos con los norteamericanos.

Hace algún tiempo la administración estadounidense manifiesta preocupación por las ventas de armas chinas a países de la región, como asimismo por su apoyo a estados ubicados por Washington en el “eje del mal” o acusados de ser patrocinadores del terrorismo internacional. Igualmente consideran que China ha contribuido en la zona a la proliferación de tecnología del uso dual.

Un informe del gobierno de los EE.UU. (U.S.-China Security Review Comission), un grupo creado por el Congreso, advirtió que el aumento de los requerimientos chinos de energía importada constituye un incentivo poderoso para acercamientos con países asociados al terrorismo, como el apoyo dado por China a Irán, Irak y Sudán.

Las relaciones de China han proporcionado a estos países mucho dinero, que contribuyó a incrementar el número de naciones con capacidad para producir armas de destrucción masiva y proyectiles balísticos para lanzarlos. China es un proveedor de tales tecnologías para Corea Norte, Irán, Irak, Siria, Libia y Sudán. China es el principal proveedor de Irán en materia de armas no convencionales. Estados Unidos acusan a China de mantener programas de cooperación para proporcionar a Irán equipo y tecnología nuclear, información sobre armas química y biológicas.

Washington exhibe preocupación por las ventas de proyectiles de crucero de uso naval con los que Irán podrían fácilmente amenazar para el tráfico de petrolero en el Golfo y a los buques americanos que operan allí. China también proporcionó a Irak su sistema del radar antiaéreo así como sistema de comunicación de fibra óptica.

Un componente importante de la estrategia de China para garantizar su acceso al petróleo del Golfo Pérsico son las relaciones especiales que ha cultivado con Arabia Saudita. Los lazos con Riad se remontan a mediados de los ’80 cuando China le vendió a Arabia Saudita proyectiles balísticos de rango intermedio. Desde entonces, las relaciones han crecido constantemente.

Las visitas de alto nivel de líderes chinos a Arabia Saudita llegaron a un cenit en 1999 con la visita del Presidente chino Jiang Zemin para fomentar una “alianza petrolera estratégica entre los dos países. China ha ofrecido venderle los proyectiles balísticos intercontinentales a los sauditas con un rango de 5,500 km de alcance .

Aunque los sauditas han preferido limitar muchas de las propuestas para evitar deteriorar sus relaciones especiales con EE.UU., en Washington se teme que un cambio en el reino podría alejar a Arabia Saudita de los Estados Unidos extendiendo el papel de China como garante de la seguridad en la región y derivando los recursos petroleros hacia el gigante asiático.