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China
El Dragón sediento
.Con 1.200 millones
personas, China es el país más poblado del planeta y el tercer consumidor de
petróleo, detrás del EE.UU. y Japón. En los últimos años, China ha estado
realizando un proceso de industrialización acelerado y se ha convertido en una
de las economías de más rápido crecimiento en el mundo.
Con un PBI real que crece a una velocidad de 7% al año, China requiere
cantidades crecientes de energía para sostener el ritmo de su desarrollo
económico. Su consumo de petróleo crece a razón de 7.5% por año, siete veces
más rápidamente que el EE.UU.
Este vertiginoso crecimiento en el consumo de petróleo se ha acelerado
principalmente debido la transición en gran desde el empleo masivo de las
bicicletas hacia los automóviles privados, más accesibles desde la
incorporación de China a la OMC.
Por consiguiente, se espera que para el año 2010 China tenga 90 veces más
automóviles que en 1990. La cantidad de automóviles que circulan por China
crece a un ritmo de 19% al año, las proyecciones muestran que China puede
superar el número total de automóviles circulando por los EE.UU. para el año
2030. Otro factor que contribuye al marcado aumento en las ventas
automovilísticas, es el precio muy bajo de la nafta en China. El combustible
en China ubica su precio entre los más bajos que se registran en el mundo para
un país que es netamente importador de crudo; y es un tercio de los precios
que se cobran al consumidor en Europa y Japón dónde están gravados con fuertes
impuestos para desestimular el uso de gasolina.
Fuentes de aprovisionamiento
Gracias a los famosos contratos petroleros, entre 1970 y 80 China logró ser un
exportador neto de petróleo, pero a partir de 1993 merced a su gran desarrollo
industrial la situación se invirtió y se convirtió en un importador hasta
resultar crecientemente dependiente de los suministros petroleros realizados
desde el extranjero.
Actualmente, China importa 32% de su petróleo y se espera que duplique su
demanda de petróleo importado desde ahora hasta el año 2010, llegando a se el
segundo consumidor de petróleo del mundo. Un informe de la Agencia
Internacional de Energía predijo que en el año 2030, las importaciones de
petróleo chinas igualarán a las importaciones actuales de los EE.UU.
La expectativa de China frente a esta dependencia futura en las importaciones
de petróleo ha llevado a sus dirigentes a un interés en la exploración y
producción en lugares muy diversos como Kazakstán, Rusia, Venezuela, Sudán,
Irak, Irán, Perú, y Azerbaiyán.
Gran parte del esfuerzo político realizado en el exterior tiene Oriente
objetivo a largo plazo, mientras que en el plano interno se trata de
diversificar las fuentes de energía con megaproyectos hidroeléctricos y
nucleares y de participar en los programas de introducción de nuevas
tecnologías como el hidrógeno y el automóvil eléctrico.
Pero a pesar del esfuerzo diplomático que ha hecho la alta dirigencia china
para diversificar las fuentes de aprovisionamiento de hidrocarburos, China ha
quedado muy dependiente respecto de sus compras de petróleo a Medio Oriente.
Actualmente, el 58% de las importaciones de petróleo provienen de esa región.
Para el año 2015, la proporción de petróleo comprado a Medio Oriente llegará
al 70%.
Aunque históricamente China no ha tenido intereses estratégicos permanentes en
Medio Oriente, su relación con la región de dónde procede la mayoría de su
petróleo ha aumentado considerablemente su importancia.
Cambio de Eje
Hasta el presente, las relaciones de China con los EE.UU. han estado centradas
en el problema de Taiwán y en un tenso debate por los derechos humanos. Ahora
esta relación deberá cambiar su eje porque es claro que el acceso de China al
petróleo de Medio Oriente se volverá un problema importante en las relaciones
entre las dos potencias.
Por el momento, China reconoce que su seguridad energética es en parte
dependiente de la cooperación con EE.UU..
A China las buenas relaciones con el EE.UU. le han permitido disfrutar de
beneficios económicos concretos y de un –aunque complicado- certero acceso a
los mercados. Pero la visión de estas ventajas se contrapone con la percepción
entre muchos líderes chinos que los EE.UU. pretenden dominar el Golfo el
Pérsico para ejercer su dominio sobre los principales recursos energéticos
mundiales y que con ello intenta impedir el desarrollo de las aspiraciones de
la China en la región.
Para estos líderes EE.UU. son considerados la principal amenaza para la
seguridad energética de China en el largo plazo.
Aunque China está intentando desarrollar múltiples proyectos petroleros fuera
de Medio Oriente, Beijing se verá forzado por la necesidad para nutrir sus
relaciones con los principales productores de Medio Oriente, como una "póliza
de seguro" para su propio desarrollo económico.
Pero sus esfuerzos por establecer una posición en Medio Oriente y construir
una cadena de eslabones estratégicos a largo plazo con los países considerados
hostiles por EE.UU., podrían afectar gravemente los actuales vínculos con los
norteamericanos.
Hace algún tiempo la administración estadounidense manifiesta preocupación por
las ventas de armas chinas a países de la región, como asimismo por su apoyo a
estados ubicados por Washington en el “eje del mal” o acusados de ser
patrocinadores del terrorismo internacional. Igualmente consideran que China
ha contribuido en la zona a la proliferación de tecnología del uso dual.
Un informe del gobierno de los EE.UU. (U.S.-China Security Review Comission),
un grupo creado por el Congreso, advirtió que el aumento de los requerimientos
chinos de energía importada constituye un incentivo poderoso para
acercamientos con países asociados al terrorismo, como el apoyo dado por China
a Irán, Irak y Sudán.
Las relaciones de China han proporcionado a estos países mucho dinero, que
contribuyó a incrementar el número de naciones con capacidad para producir
armas de destrucción masiva y proyectiles balísticos para lanzarlos. China es
un proveedor de tales tecnologías para Corea Norte, Irán, Irak, Siria, Libia y
Sudán. China es el principal proveedor de Irán en materia de armas no
convencionales. Estados Unidos acusan a China de mantener programas de
cooperación para proporcionar a Irán equipo y tecnología nuclear, información
sobre armas química y biológicas.
Washington exhibe preocupación por las ventas de
proyectiles de crucero de uso naval con los que Irán podrían fácilmente
amenazar para el tráfico de petrolero en el Golfo y a los buques americanos
que operan allí. China también proporcionó a Irak su sistema del radar
antiaéreo así como sistema de comunicación de fibra óptica.
Un componente importante de la estrategia de China para
garantizar su acceso al petróleo del Golfo Pérsico son las relaciones
especiales que ha cultivado con Arabia Saudita. Los lazos con Riad se remontan
a mediados de los ’80 cuando China le vendió a Arabia Saudita proyectiles
balísticos de rango intermedio. Desde entonces, las relaciones han crecido
constantemente.
Las visitas de alto nivel de líderes chinos a Arabia
Saudita llegaron a un cenit en 1999 con la visita del Presidente chino Jiang
Zemin para fomentar una “alianza petrolera estratégica entre los dos países.
China ha ofrecido venderle los proyectiles balísticos intercontinentales a los
sauditas con un rango de 5,500 km de alcance .
Aunque los sauditas han preferido limitar muchas de las
propuestas para evitar deteriorar sus relaciones especiales con EE.UU., en
Washington se teme que un cambio en el reino podría alejar a Arabia Saudita de
los Estados Unidos extendiendo el papel de China como garante de la seguridad
en la región y derivando los recursos petroleros hacia el gigante asiático.
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