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Reflexiones El Reloj en Reversa Tecnología y Petróleo En los últimos tiempos, la tecnología energética ha comenzado un proceso de desarrollo vertiginoso y ya existen claros indicios que estamos a las puertas de una nueva revolución, que alterará la economía del mundo, al igual que las relaciones financieras y comerciales entre los países. Dadas las evidencias, que muestran que estos sistemas y aplicaciones están muy próximos a su introducción al mercado, muchos expertos consideran que esta transformación tendrá una velocidad y una difusión semejante a los cambios que se han visto en materia de computación, comunicaciones e internet de la década pasada. Por otra parte, muchos especialistas petroleros consideran imposible encontrar, en tan poco tiempo, yacimientos que provean de los 60 millones de barriles adicionales que se necesitan para cumplir con la demanda petrolera proyectada para el año 2015. Y dudan, debido a la magnitud de este desafío, porque se requeriría extraer el equivalente a más de 10 nuevas regiones productoras, cada una del tamaño del Mar del Norte. La perspectiva de este panorama de abastecimiento nos induce un mayor nivel de comprensión acerca de los movimientos que vienen realizando las grandes potencias en los últimos años –incluidos las acciones militares- para asegurarse cierta exclusividad sobre los yacimientos más importantes del mundo. Este horizonte plagado de limitaciones y encarecimiento es una señal significativa, si se considera que el embargo petrolero impuesto hace treinta años cambió la historia política y económica del mundo. Hay naciones, que habiendo optado por otras alternativas para el abastecimiento de energía, se ven ahora obligadas a acelerar el paso. Un ejemplo típico es la marcha forzada que el gobierno de Francia ha encomendado al CEA (Comisariato de Energía Atómica) para ingresar al desarrollo del “fuel cell”. Con independencia de toda evaluación, lo cierto es que la continuidad de la era del petróleo está siendo puesta en duda, y desde varios puntos de vista. No sólo debido a la carencia potencial de recursos hidro-carburíferos que plantea la demanda futura del combustible. Una conocida y certera máxima sostiene que “la edad de piedra no finalizó por falta de piedras”; tampoco la era del carbón pasó a segundo plano debido a la extinción del recurso; y bien puede decirse ahora que, la era del petróleo no finalizará por la falta de este combustible. El previsible ocaso de la era del petróleo tendrá su origen en la difusión masiva de los últimos adelantos tecnológicos que permitirán a las naciones diversificar sus fuentes de energía y reducir drásticamente su demanda de petróleo y gas. Las nuevas formas de producir, acumular, distribuir y consumir energía ya no son un sueño distante. El cambio está también presionado por razones políticas, económicas y de cumplimiento de objetivos medioambientales. Las Nuevas Tecnologías Tal es el caso de varias tecnologías como el hidrógeno (fuel cell), los automóviles híbridos y eléctricos y el desarrollo de nuevas usinas eléctricas no convencionales y nucleares avanzadas, que dan pie a múltiples proyectos de los que participan grupos de países asociados de todo el mundo, entre los cuales lamentablemente aún no figura el nuestro aunque sí nuestro vecino Brasil. Y no estamos allí –salvo por algunos logros heroicos, casos aislados y sin apoyo ni coordinación- porque seguimos enredados en nuestras pequeñas urgencias domésticas, atendiendo los efectos de una crisis prolongada cuyas causas –por ahora- no atinamos a encarar. No tenemos una política y recorremos el camino del retraso relativo. Durante los últimos años la economía argentina se ha “primarizado” tanto, que uno de los fondos con los que principalmente se financian el Estado Nacional y las provincias esta formado, precisamente, por las retenciones a la exportación de hidrocarburos y las regalías. Y esto ocurre mientras rigen indefiniciones institucionales que hacen dudar de la recomposición de los niveles de reserva de estos recursos, para asegurar la continuación de este proceso. La finalización de Yacyretá se viene demorando desde hace décadas. Pese al programa para atender los “mercados dispersos” un diez por ciento de los argentinos no cuenta con electricidad y otro tanto no tiene acceso al gas, sin considerar el gran número de compatriotas que, aún disponiendo de las facilidades, no pueden pagar su costo. En lugar de pensar cómo garantizar la opción nuclear para cuando la necesitemos en el futuro, hacemos un -aparentemente grande- esfuerzo para ver si encontramos algún mecanismo para finalizar la central nuclear Atucha II, cuya tecnología tiene 20 años de atraso con la idea fija de dar 2 o 3 años de trabajo a la planta de agua pesada en Arroyito (Neuquén) para conformar a los integrantes de una alianza de poder. Aunque el Jefe de Gabinete anunció sorpresivamente que el presidente Kirchner oportunamente se opuso a la forma en que se salió de la convertibilidad, muchas de sus consecuencias siguen sin resolverse. Los contratos de servicios públicos están todavía en un verdadero “limbo”, que pagaremos –según ha sido admitido oficialmente- con el precio de una calidad en disminución y cortes de servicio. No dependemos de la acción que realizamos hoy en previsión de nuestras necesidades del mañana, sino la buena fortuna quien puede garantizar nuestro abastecimiento cabal. Nuestro país, tuvo y aun conserva potencial y suficientes antecedentes de dominio de conocimientos tecnológicos como para acceder a tales desarrollos. Sólo se requieren objetivos claros, un plan de reasignación de recursos, coordinación y organización para tener un lugar en el porvenir. Pero hasta ahora, hemos puesto el reloj en reversa.
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