La buena letra que ha comenzado a practicar el Coronel Qadhaffi y la compleja situación en Irak que los especialistas definen como una "guerra en la posguerra" ha movilizado a muchas empresas internacionales a mirar a Libia como el país sucesor de Irak en materia de hidrocarburos, capaz de asegurar la provisión de crudo a los Estados Unidos. Por otra parte, después de los anuncios del Presidente Bush respecto de la cancelación del programa nuclear libio, la entrega de científicos y traficantes de tecnología sensitiva y del levantamiento de muchas de las restricciones que limitaban a las empresas norteamericanas para encarar negocios con Libia, se ha desatado una pugna entre compañías, interesadas para volver a un país -otrora clave de negocios- de donde han estado excluidas durante dos décadas. Técnicos, abogados, banqueros y consultores (muchos de ellos con sede en Texas) confluyen en Trípoli para evaluar nuevas oportunidades. En general, su mayor interés inmediato reside en el plan libio de ofrecer a empresas extranjeras once áreas de exploración nuevas y la promesa de Qadhaffi de encarar un ambicioso programa de privatización y desregulación petrolera. Esto, que se prevé para los próximos meses, será la primera apertura a compañías estadounidenses desde principios de los años 80. “Los riesgos de regresar son hoy relativamente bajos, en términos políticos y técnicos”, considera Vinson & Elkins, un estudio especializado de Houston que abrió oficinas en Dubái para manejar negocios en Libia. Aunque han transcurrido casi 25 años, los especialistas consideran que “las perspectivas son excepcionales, porque se trata de un terreno familiar a muchas firmas norteamericanas donde no están los conflictos que han aparecido en Irak después del derrocamiento de Saddam”. Trípoli produce aproximadamente 1.500.000 barriles diarios, pero podría duplicar el volumen en menos de diez años. Aunque para ello necesitará alrededor de US$ 30.000 millones en inversiones directas y el aporte tecnológico externo en perforación y cubicamiento para reemplazar sistemas obsoletos. En este terreno hay que considerar el antecedente que durante el auge inicial de los 70, antes de la lenta decadencia iniciada por la estatización y la publicación del "libro verde", Libia producía 3.300.000 b/d sin dificultades. Exponiendo durante una conferencia petrolera en Houston, semanas atrás, Tarek Hasán-Beck -director de planeamiento en la Compañía Petrolera Nacional Libia, CPN- destacó que su país tiene reservas por alrededor de 36.000 millones de barriles (casi 3% de las reservas mundiales), pero sólo ha explorado o explota 25% de sus cuencas. También existen muchos yacimientos gasíferos que son bastante conocidos que pueden ampliar su capacidad. Algunas restricciones impuestas a Libia aun permanecen y ensombrecen las relaciones con los norteamericanos. Por ejemplo, las aerolíneas estadounidenses no pueden volar a Trípoli, Washington no ha brindado acceso a los fondos libios congelados en bancos de Estados Unidos y el gobierno no puede comprar equipo militar a firmas norteamericanas. Entretanto, directivos de empresas que solían depender de Libia, como Occidental Petroleum, ConocoPhillips, Amerada Hess o Marathon Oil, han visitado Trípoli nuevamente para negociar con el gobierno su retorno a campos que estaban entre los más prolíficos del mundo. Operadores más grandes que ellos, inclusive ExxonMobil y ChrevronTexaco, también quieren entrar en el país africano. Así, la primera acaba de llegar a un acuerdo para vender su distribuidora de combustibles en Níger (uno de los vecinos saharianos) a Tam Oil. Esta firma es el brazo financiero internacionales de la CPN. Los motivos de todo eso son claros. Qadhaffi está desarrollando una estrategia para capturar la inversión petrolera y obtener el beneficio de un relanzamiento de la industria energética. Con los precios de hidrocarburos proyectados en altos niveles por largo tiempo, el único país petrolero -salvo Libia- capaz de duplicar su producción en ocho a diez años es Irak. Pero, si bien sus reservas (112.000 millones de barriles) triplican las de Trípoli, la situación en Bagdad compromete la propia continuidad de operaciones. Existen también fundamentos técnicos y económicos ya que los crudos libios contienen menos azufre, por lo cual son más fáciles y económicos de refinar para su consumo en el mercado de los EE.UU. y de la Unión Europea. Se cercanía sobre el Mar Mediterráneo les brinda acceso competitivo a los principales mercados, sin el riesgo asociado al transporte vía golfo Pérsico, Cáucaso o Afganistán. El extraordinario viraje político de Qadhaffi está dando los primeros resultados ya que este año, Libia está ubicada en el segundo lugar en el mundo en cuanto a perspectivas exploratorias, superada sólo por el Mar del Norte. Así lo indica un estudio de Fugro Robertson, una consultora británica a cuyo criterio Trípoli tiene prioridad frente a Irak, Trinidad-Tobago, Argelia y Egipto en las inversiones exploratorias. Por supuesto, compañías europeos, canadienses, indias, chinas y australianas no han dejado de invertir y operar en Libia durante los últimos veinte años. Particularmente desde 1997/8. Muchos de sus proyectos proveen o proveerán hidrocarburos al mercado europeo. Por ejemplo, Trípoli pronto iniciarála exportación de gas natural a Italia, por un ducto submarino de 575 km. que conecta el país con Sicilia, en un emprendimiento conjunto por US$ 5.600 millones con Ente Nazionale Idrocarburi. Una lista de emprendimientos en ejecución involucra a la española Repsol YPF, la francesa Total, la austríaca OMV y la india ONCG Videsh. En conjunto, esos factores han elevado los ingresos por exportaciones de US$ 5.900 millones en 1998 a 13.400 millones el año pasado. Lógicamente, Italia tiene papel dominante, debido a lazos generados durante un régimen colonial relativamente benigno (1912-49). Según los expertos, ciertos operadores norteamericanos han sido más astutos que otros. Así, Halliburton –el grupo allegado al vicepresidente Richard Cheney- mantuvo presencia en Libia a través de una oportuna subsidiaria alemana. Aunque, no pudo expandirse ni importar tecnología desde EE.UU. A partir de este año, sin duda, los negocios desbordarán el petróleo y se proyectarán en una alianza estratégica de mayor importancia. Finalmente, Libia “es el único país no alineado grande con mucho efectivo al cual no se permite comprar en EE.UU.”. Eso señala Teal Group, una consultora en materia de defensa. “El caso de Lockheed Martin es típico: hoy espera que Washington le permita entregar aviones vendidos hace años”. |