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La última vez que la Organización de
Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se reunió en Beirut (Líbano),
en 1972, sus decisiones apenas afectaban aún al mercado.
Un año después, en 1973, el cartel saltó a los titulares, al
decretar el primer y dramático incremento de precios que desencadenó
la crisis del petróleo. Desde entonces, la OPEP, de una u otra
forma, ha controlado los precios; al menos, hasta esta semana.
Cuando la OPEP se reúna mañana en Beirut enfrentará problemas que la
desbordan. Sobre todo, el pánico del mercado a un atentado contra la
industria petrolera saudí. Estos son los condicionantes de la
cumbre.
Geopolítica: Oriente Próximo no vive su etapa más turbulenta; pero
por primera vez la crisis afecta de lleno a Arabia Saudí, el mayor
productor mundial de petróleo, en lugar de Irán o Irak. El reino se
ha visto sacudido por cinco atentados en lo que va de año; de ellos,
dos han apuntado directamente contra la industria petrolera,
causando la muerte de cinco ingenieros suizos en Yanbu (costa del
mar Rojo) a principios de mayo, y de 22 extranjeros en Jobar (costa
del Golfo Pérsico) el pasado fin de semana. "Las instalaciones
saudíes están sujetas a un alto nivel de seguridad, pero el mercado
es particularmente sensible a la situación en el país porque en este
momento es el único lugar en el que existe una significativa
capacidad de producción ociosa, no solo dentro de la OPEP sino en
todo el mundo", Kevin Morrish, Barclays Capital.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que Riad cuenta
con una capacidad ociosa de 1,5 millones de barriles diarios (mb/d),
que puede alcanzar otro millón adicional en tres meses. Ese poder,
que sitúa el pico de producción saudí entre 10,5 y 11 mb/d, permite
al reino actuar como banco central petrolero, elevando su producción
para compensar la caída del flujo en otros lugares, como ocurrió
durante la última guerra de Irak. Pero un atentado en Arabia Saudí
contra una instalación petrolera clave dejaría al mundo sin ese
colchón. El escenario de pesadilla es que los terroristas atenten
contra una instalación clave, en lugar de blancos petroleros
blandos, como edificios de oficinas o complejos residenciales, como
hasta ahora.
Demanda: La demanda de petróleo crecerá en 2004 a su ritmo más alto
en dieciséis años, hasta 80,6 mb/d, según la AIE. Ese tirón es fruto
tanto de la expansión económica mundial, que alcanzará su mayor tasa
desde el pinchazo de la burbuja tecnológica, como de un cambio
estructural en China e India, que demandan ahora más energía. Las
previsiones apuntan que el crecimiento del consumo se moderará en
2005, pero seguirá siendo fuerte por los años venideros. De hecho,
China tiene margen para subir; mientras que la demanda de crudo por
habitante y año de Reino Unido se sitúa en 10,4 barriles, la de
China es ahora de sólo 1,5; India baja hasta 0,6 barriles, según
Barclays Capital. A corto plazo, los problemas podrían empeorar este
invierno. La demanda actual es, debido a la estacionalidad, la más
baja del año, pero la OPEP y el resto de productores están
prácticamente bombeando tanto como pueden para satisfacerla. El
próximo invierno, debido al consumo de las calefacciones, la demanda
subirá casi cuatro millones de barriles con respecto a los actuales
78,7 mb/d, hasta un pico de 82,5 mb/d. El mercado se pregunta quién
bombeará ese consumo adicional.
Producción: La producción fuera de la OPEP y de algunos países, como
Rusia y Angola, se estancará este año, por tercer ejercicio desde
2000. Los incrementos de producción en Brasil y otros países sólo
compensarán los brutales descensos que registra el mar del Norte
(casi 400.000 b/d en el primer trimestre de 2004 con respecto al
mismo periodo del año pasado) y Estados Unidos. En contraste, Rusia
y sus antiguas repúblicas sí añadirán petróleo al mercado, al igual
que Angola y Guinea Ecuatorial, pero esa tendencia también ha
comenzado a frenarse. Este escenario permitirá a la OPEP ganar cuota
de mercado, desde el 36% hasta el 48% en 2020.
Gasolina/Refino: En Estados Unidos no se construye una refinería
desde 1972, pero desde entonces la demanda de gasolina ha crecido un
41%. Pese a que las refinerías existentes han tratado de ampliar su
capacidad de destilación, la demanda superara la oferta instalada en
EEUU, por lo que el país debe importar diariamente un millón de
barriles. El problema se ha agravado por el fuerte crecimiento de la
demanda en los últimos años (más de un 5% anual) y la balcanización
del mercado de gasolina en EEUU, debido a que la composición del
carburante varía de estado en estado e, incluso, de condado en
condado. La obligatoriedad este año de vender una gasolina más
ecológica (y de difícil fabricación) en las áreas más contaminadas,
como Nueva York o California, supone que las refinerías trabajan a
destajo para suplir hasta veinte tipos distintos de carburantes.
Especulación: La OPEP defiende que entre tres y cinco dólares del
actual precio del petróleo procede de la especulación. Los datos del
Nymex, el mercado petrolero de Nueva York, indican que la actividad
especulativa allí roza niveles récord. Sin embargo, muchos analistas
apuntan que los especuladores nunca marcan una tendencia, se limitan
a seguirla y, ahora, simplemente están apostando que el temor a un
atentado se convertirá en una realidad, llevando los precios a
máximo histórico.
El cártel también paga
sus errores
La urgencia y, en cierta medida, desesperación de Arabia Saudí y sus
socios para enfriar el mercado supone el reconocimiento implícito de
que la OPEP se equivocó este invierno cuando rebajó sus cuotas de
producción de forma significativa.
El cártel, reunido en Argel en febrero, aprobó un recorte de un
millón de barriles, que se sumó a otro de 900.000 barriles que había
entrado en vigor en noviembre de 2003. Además, la OPEP se
comprometió a reducir la sobreproducción, lo que en la práctica
suponía rebajar las ventas reales en otros 1,5 mbd. En total, la
cuota de la OPEP pasó del 25,4 mb/d a 23,5 mbd en seis meses.
Aunque la caída de las ventas reales fue menor, ese descenso
combinado con la mayor demanda provocó una caída mayor de lo normal
de los inventarios en invierno y, hasta ahora, ha impedido
aumentarlos en el segundo trimestre, como suele ser habitual. El
temor del cártel es que si no actúa mañana y convence al mercado de
que habrá suficiente crudo para los próximos meses, los precios
subirán a 50 dólares, provocando una desaceleración económica que
reducirá la demanda. |