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Quedan pocas semanas para
finalizar el año. En los últimos días hemos sido “bombardeados” con
informaciones que aseguraban que venían soluciones “mágicas” a
todos nuestros problemas; basta recordar la “inminente salida del
default”, que se reiteró obsesivamente; y los anuncios sobre préstamos
gigantescos que derivarían de nuevas alianzas estratégicas para liberarnos
del FMI, y proveer ingresos sin precedentes.
Después de tantos
problemas deberíamos haber aprendido que las soluciones de este tipo no
existen en el mundo moderno; ya no se ven generosos subsidios propulsados
por razones ideológicas.
Durante el 2004, mientras
esperábamos que las cosas se “solucionen solas”, estalló la primera
restricción energética desde 1989.
Ante la emergencia, el
Gobierno impulsó anuncios de varias obras, mostrando al Estado en un rol
de mero “bombero”.
Los ímpetus de una
contrarreforma del Estado, se materializaron en la creación de
una empresa (ENARSA) que parece más bien orientada a intermediar en los
negocios energéticos que ser el artífice de un programa estructurado de
realizaciones.
Varias provincias han
imitado a la Nación y están constituyendo empresas públicas en el área
energética y minera.
Gobernar no es soñar
La creación de todas estas
empresas y los anuncios de determinadas obras,
distan mucho de constituir una política
energética, ni reemplazan la falencia de una Ley de Hidrocarburos
cuyo proyecto duerme –desde hace muchos años- “el sueño de los justos”,
pese a que las reservas de petróleo han caído 13% entre 1999 y 2003,
lo mismo que el promedio de la producción (44 barriles por día/pozo) y las
reservas de gas, que descendieron 13% en los últimos 4 años.
En los últimos días, se lanzaron desde
el sector industrial distintas señales de preocupación sobre la
posibilidad de un desabastecimiento de energía. Un informe de la Unión
Industrial Argentina (UIA) señala que a pesar de la obras de ampliación de
la red de gasoductos que están en marcha, El desabastecimiento para el año
próximo podría llegar a los 9 millones de metros cúbicos de gas diarios.
"La capacidad de transporte llegará en
el 2005 a 125 millones de metros cúbicos, frente a una demanda industrial
y residencial que trepará a 140 millones de metros cúbicos diarios",
señala el informe de los industriales.
Por su lado, en el sector eléctrico hay previsiones de abastecimiento que
prevén falta de suministro en el verano a raíz de la saturación algunas
las líneas de transporte. Sobre todo en los centros veraniegos de la costa
atlántica como Villa Gesell, Pianamar y Cariló. También podrán padecer el
NOA, Cuyo y la franja Rosario, Santa Fé, Córdoba y San Luis.
Hay que tener presente que todas las
estimaciones de crecimiento de la demanda tendrán incidencia en todas las
alternativas que se evalúen.
En hidrocarburos, al margen de
negociaciones puntuales que van definiendo proyectos imprescindibles para
ciertas empresas, está pendiente una acción en gran escala; que es posible
desarrollar pese al default, si decidiéramos remover los obstáculos
a la inversión que se han montado únicamente por el miedo oficial frente a
presuntos efectos internos, que podrían neutralizarse con un plan
estratégico bien ejecutado.
Durante 2004
no se ha logrado normalizar el sistema energético y proceder a su
relanzamiento. No hay avances de consideración en materia de
renegociaciones. Y esto es grave, porque llevamos cuatro años sin política
energética definida; a pesar de la sombra de la crisis que nos rozó en
2004 y que extiende sus brazos amenazadores sobre los próximos años.
Pese a la aparente calma
chicha, estamos atravesando una instancia peligrosa en la vida del país ya
que perdimos el autoabastecimiento, justo cuando el precio de los
energéticos asciende sin control; desgraciadamente no vemos ninguna acción
orientada a recuperarlo. Rompimos importantes contratos de exportación
energética y agregamos así una nueva “mancha” a nuestro largo
historial de incumplimientos forzados.
Las autoridades
confirmaron que, este retroceso, erosionó la tasa de crecimiento de
nuestra economía durante este año y, se estima habrá una falencia mayor en
2005, ya que se prevé un crecimiento de la demanda energética.
Hay que notar que esta
ausencia de definiciones también se extiende entre un gran número de
empresas del sector que han adoptado la actitud de espera y "bajo"
perfil –y por qué no decirlo, de temor-, sin asumir que también son
actores esenciales de la política energética y que su falta de
participación puede derivar en la adopción de decisiones muy negativas
para el futuro.
Los Plazos Vencidos
Pese al gran esfuerzo de
los funcionarios del área, los plazos de la mayoría de las obras
contenidas en los anuncios energéticos de comienzos de año se han ido
reprogramando.
Además, se ha “estirado”
–una vez más- la vigencia de la Ley de Emergencia que, sin entrar a
considerar el negativo uso discrecional del poder- significa que se
postergan las discusiones sobre las renegociaciones de contratos que
deberían haber diseñado el esquema de los servicios públicos en el futuro
inmediato.
Los entes reguladores
están casi completamente paralizados, como si esperasen el “acta de
defunción” antes que una reestructuración del sistema.
Las decisiones de
inversión pública, en materia de transmisión no parecen orientadas por la
racionalidad y la planificación que exige la hora sino por el juego de
intereses políticos entre el Estado Nacional y las Provincias.
En cuanto al gas, los
cronogramas originales establecidos por las autoridades para las obras de
expansión de los dos gasoductos (TGN y TGS) se reprogramaron también,
debido a imperdonables dilaciones para resolver los requisitos de la
financiación; se calcula que recién podrán aportar mayor caudal de gas no
antes de setiembre de 2005, confirmando que el próximo invierno será muy
complicado y, por qué no decirlo, gravoso de superar.
Y, siendo así, no se
conocen los recaudos para establecer una reserva estratégica de
combustibles que nos permita superar el trance.
En materia eléctrica, las
autoridades postergaron –una vez más- la formación del fondo para
financiar la construcción de dos usinas por 1600 MW que deberían estar
operativas en 2007. Y sigue el debate sobre quien deberá encarar la
finalización de Atucha II y la elevación de la cota de Yacyretá.
Salir de la parálisis
El año 2005 casi ha llegado. No dejemos
pasar la oportunidad para establecer una política energética, dictar las
leyes pendientes y normalizar lo antes posible el sistema energético para
que esto no termine siendo el “cuello de botella” que frene nuestras
posibilidades de recuperación, después de la gran caída que hemos sufrido.
Hay muchas promesas de que que en 2005
se resolverán estas asignaturas pendientes. Y debemos tener fe. Pero la fe
no es lo mismo que la confianza.
Debemos romper la inercia y pasar a las
realizaciones. |