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El tema del incremento de
los precios de la energía y los costos del calentamiento global sigue en
los grandes titulares de los principales medios de comunicación. El
profesor Stuart Irving de la Universidad de Gales está encabezando un
proyecto para disminuir drásticamente los precios de la energía solar.
Es un intento de detectar
las oportunidades para la aplicación de las fuentes renovables en la
economía de Gales.
Ambos aspectos,
consecuencias del cambio climático y aumento de los precios de los
combustibles derivados del petróleo se ha constituido en un aspecto
predominante de las noticias y ambos configuran la cuota cotidiana de
malas nuevas a las que el mundo se está acostumbrando.
Las complejidades de
modelar mediante computadores todos los efectos del cambio climático son
enormes pero todas las proyecciones han mostrado que nos encaminamos a un
incremento entre 1 y 5 grados Celsius en los próximos 100 años, si no
hacemos nada para cambiar esta situación.
Los mayores precios de
los energéticos deberían tener el efecto de persuadir al mundo,
especialmente a los grandes consumidores, de ser más eficientes el la
utilización de los combustibles fósiles; debería impulsar el desarrollo de
automóviles más eficientes, quizá establecer una reducción en el número de
días de utilización de los vehículos particulares. De todas maneras, las
subas de precios inducidas mediante impuestos han demostrado ser muy
impopulares.
Dado que la energía es un
ingrediente básico en nuestra economía contemporánea, incrementar los
precios podría conducir a que nuestros productos padezcan una importante
pérdida de competitividad y posiblemente también habría serias presiones
inflacionarias.
Por otro lado, el
escenario del “no hacer nada” también tiene serias penalizaciones
económicas con la necesidad afrontar los reclamos al sistema asegurador
por indemnizaciones por pérdidas materiales causadas por inundaciones,
colapso de la producción alimenticia y tormentas devastadoras.
La energía es un
ingrediente básico de la civilización y el crecimiento económico plantea
la necesidad de mayor cantidad de energía. Pero, quemar mayor cantidad de
combustibles fósiles se presenta como un camino climáticamente
inaceptable. ¿Cuáles son, entonces, las alternativas?
La nucleoelectricidad se
ha vuelto impopular debido a las preocupaciones sobre la seguridad, los
residuos radiactivos y el costo del decomisionamiento de las usinas e
instalaciones nucleares, pero es una fuente que produce gran cantidad de
energía eléctrica sin emitir dióxido de carbono.
El problema es que cerca
del 20% de nuestra electricidad ya proviene de la energía nuclear y que
los viejos reactores Magnox se encuentran a las puertas del fin de su vida
útil.
Una de las bases del
escenario del “no hacer nada” es que actualmente aumentemos la proporción
de las usinas que queman combustibles fósiles para reemplazar la reducción
que ocasionará el retiro de muchas plantas nucleares.
Las fuentes de energía
renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, biomasa, etc.) proveen una
salida al dilema, pero a un precio. Desde el ángulo positivo, estas
fuentes no emiten gases de invernadero y no se agotan del modo que lo
hacen los combustibles fósiles.
El recurso hidroeléctrico
es eficiente desde la perspectiva del costo, y ya se la utiliza
ampliamente en las áreas montañosas pero existe muy poco potencial
aprovechable para expandir su uso en el Reino Unido.
El mayor recurso con el
que el Gobierno de Su Majestad tratará de lograr la meta de un 10% de
energía renovable para el 2010 es la energía eólica, que ya tiene precios
competitivos. Las granjas eólicas en tierra firme son económicamente
mejores –desde la perspectiva de los costos de instalación- que las
offshore, pero van encontrando mucha oposición para conseguir los permisos
por parte de los planificadores.
Un recurso casi ilimitado
y completamente limpio de energía es el sol. El problema es que la
generación de electricidad mediante el aprovechamiento solar utilizando
fotovoltaicas –popularmente conocida como solar eléctrica- es demasiado
costosa.
El costo de los paneles
solares y el equipamiento eléctrico requerido para conectar esos
generadores a la red exigen una operación de entre 40 y 60 años sólo para
recuperar la inversión inicial.
Esto nos devuelve al
punto de los precios de los combustibles. Si los precios de los
combustibles continúan subiendo, entonces la diferencia que deberíamos
pagar por la electricidad de la red y el costo de la electricidad solar
debería reducirse haciendo más atractiva la inversión.
En la actualidad la
instalación de paneles eléctricos solares puede recibir un subsidio del
Departamento de Industria y Comercio y esto ya está ayudando a mejorar la
capacidad instalada en el Reino Unido.
Antes de entusiasmarnos
demasiado acerca de esta solución, tomando ventaja de todas las
promociones gubernamentales podríamos producir apenas el 1% de nuestras
necesidades energéticas. Entonces, nosotros necesitamos hacer paneles
solares más baratos y eficientes.
Un nuevo proyecto de
investigación, financiado por el Consejo de Ciencias Físicas e Ingeniería
bajo iniciativa del Supergen ha logrado constituir un consorcio entre seis
universidades británicas y siete compañías para investigar nuevas
tecnologías que permitan reducir los actuales costos a la mitad, mejorando
la conversión a electricidad de la energía solar.
Este proyecto, está
encabezado por la Universidad de Gales, Bangor, y es un buen ejemplo del
aporte que Gales puede realizar en materia de control del calentamiento
global del planeta. Este proyecto confronta la pregunta si los altos
costos de la energía solar es algo que deberemos aceptar, en beneficio de
una reducción en las emisiones de dióxido de carbono, o se trata de una
oportunidad para alcanzar una alternativa a los combustibles fósiles
efectiva desde el costo.
Tomando un punto de vista
de más largo plazo en base al objetivo del Gobierno Británico de reducir
un 60% las emisiones para el año 2050, la electricidad solar es la
alternativa más atractiva entre todas las fuentes energéticas renovables.
Los paneles fotovoltaicos
pueden estar integrados dentro de todos los edificios –son completamente
limpios, silenciosos y hasta se los puede ubicar en forma atractiva dentro
de la arquitectura.
También brinda una gran
oportunidad a la economía local a través del crecimiento de la industria
asociada a esta nueva tecnología, su cadena de proveedores y también por
el desarrollo de una infraestructura dedicada a instalar panales solares.
La industria de la
electricidad solar tiene todo el potencial de convertirse en una industria
masiva y se trata de un segmento en el que Gales está muy bien posicionada
para adelantarse ya que existen empresas como Sharp e ICP Solar con
fábricas instaladas en Gales.
También existe un
potencial de nuevas oportunidades de negocios emergentes con la presencia
de OpTIC Technium en St. Aspha que proveerán de soporte tecnológico a las
nuevas compañías.
Las celdas y paneles
fotovoltaicos son una oportunidad para la economía de Gales y nos abren
una ventana para participar de la solución al calentamiento global al
mismo tiempo que servirá para mitigar algunos de los severos efectos
económicos del inevitable ascenso de los precios de los combustibles.
Estoy
esperanzado que la potente actividad de investigación y desarrollo que se
ha comenzado a llevar adelante en Gales atraerá las inversiones necesarias
para desarrollar esta electrizante nueva industria. |