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Brasil finalmente alcanzó un acuerdo con el organismo internacional de
energía atómica de la ONU para permitir la realización de inspecciones en
su planta de enriquecimiento de uranio y proteger su tecnología nuclear.
Según el acuerdo que permitió la entrada de los inspectores, el OIEA no
podrá realizar inspecciones visuales de las centrífugas de la planta de
Resende, en el Estado de Río de Janeiro.
A los inspectores del OIEA se les permitió examinar únicamente las
cañerías que conducen a las centrífugas para asegurarse de que no haya una
extracción sin control o ilegal de uranio enriquecido de la planta.
Brasil
y la mayoría de los países utilizan para el enriquecimiento la técnica de
ultra-centrifugación. Según explicó el Dr. Elías Palacios a la prensa,
consiste en "hacer girar a muy alta velocidad un flujo de gas conteniendo
uranio, con lo que se va separando el uranio más enriquecido".
Cuando el gas ingresa a las centrifugadoras "puede tener una concentración
de uranio 235 de cinco por mil. Al final del proceso, puede llegar al 4 o
5%, que es lo que requiere el combustible para una central nuclear".
Brasil ha logrado avances en la utilización de suspensión electromagnética
para hacer girar las centrifugadoras, eliminando la fricción.
"Ha desarrollado un sistema que consume menos energía, ya que en vez de
tener un eje girando a 10 mil revoluciones por minuto, tiene un sistema
flotante que cumple las mismas funciones con menos rozamiento", dice el
experto argentino en la agencia de control mutuo, Dr. Palacios.
Brasil pretende mantener a resguardo estos avances en lo que ha invertido
muchos años y cuantiosas cifras de dinero.
Paralelamente con este acuerdo, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil
se vió obligado a desmentir un informe de la
revista "Science" que atribuye a este país sudamericano
capacidad para producir hasta seis misiles nucleares por año.
La
disputa tiene lugar en un momento clave: Brasil está desarrollando por
primera vez la capacidad autónoma de producir uranio enriquecido para
alimentar sus plantas nucleoeléctricas y dejar de importarlo.
Si bien el país cuenta con las sextas reservas mundiales de uranio, hasta
ahora debe enviarlo al exterior para ser enriquecido.
Los avances en materia nuclear no sólo afectan la apuesta comercial de
Brasil, sino su posición global estratégica, según expertos.
Las autoridades brasileñas argumentan que están empeñadas en evitar que
esos conocimientos sean blanco de espionaje industrial, lo que echaría a
perder los muchos millones de dólares que las arcas públicas destinaron al
desarrollo de esa tecnología.
El país ha asegurado que se mantiene firme en el compromiso asumido con
las Naciones Unidas de no utilizar la energía atómica para fines bélicos.
No obstante, en enero de 2003, tras la asunción de Luiz Inácio Lula da
Silva a la presidencia brasileña, el antecesor de Campos, Roberto Amaral,
hizo una declaración -en una entrevista con la cadena televisiva británico
BBC- que generó polémica.
Amaral afirmó que Brasil no debía renunciar a ningún conocimiento
científico, lo que incluía, según dijo, "el conocimiento del genoma, del
ADN y de la reacción nuclear".
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