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La
realidad global
Una de las principales
conclusiones que se pueden sacar de la actual crisis del petróleo, es que
la mayoría de los países están haciendo serios esfuerzos para asegurarse
la provisión de energía y así preservarse de los efectos económicos que
representa la quintuplicación de los precios del hidrocarburo.
Se suma, al tema del
precio y escasez, la cuestión del costo a las políticas internacionales
para controlar la emisión de gases de invernadero y atenuar el cambio
climático.
No hay duda que estos
movimientos provocarán transformaciones aceleradas en todos los segmentos
de la actividad energética, ya que se están impulsando diversas
respuestas. Las grandes potencias calculan también en forma variable de
los plazos para que nuevas tecnologías –inclusive de recuperación avanzada
de petróleo- hagan su ingreso en la escena como herramienta de progreso y
bienestar.
Un ejemplo llamativo de
esta determinación lo constituye la asociación internacional en torno al
proyecto de reactor de fusión nuclear ITER, del que publicamos un informe
en este mismo número, y en que las principales naciones de la tierra
invertirán 10.000 millones de euros para tener funcionando, dentro de 10
años, la tecnología nuclear de
fusión capaz de aportar una solución global a la crisis energética y
medioambiental.
Otro ejemplo en esa misma
dirección, es el esfuerzo del Brasil por terminar el desarrollo de sus
propios combustibles nucleares y preservar su tecnología en un marco de
respeto por los tratados internacionales. Lo mismo que su vigorosa
expansión para procurarse recursos energéticos en toda la región y la
formidable red de gas que está programada.
Argentina
Mientras tanto en
Argentina ya llevamos cuatro años sin política definida; a pesar que la
sombra de la crisis nos tocó en 2004 -sin llegar a despertarnos de nuestra
siesta- y se extiende sobre los próximos años. Seguimos en una discusión
sobre lo que no hacemos ni dejamos hacer.
Hay que notar que esta
ausencia de definición también se extiende entre un gran número de
empresas del sector que han adoptado la actitud de espera y "bajo" perfil,
sin asumir que también son actores esenciales de la política energética y
que su falta de participación puede derivar en la adopción de decisiones
muy negativas para el futuro.
Muchos esperan una
“negociación salvadora” que no llega. Otros desean que la falta de
seguridad jurídica que ahora los perjudica, mañana mediante acuerdos
espurios, los beneficie.
Plazos
extendidos
Lo cierto es que se ha
estirado –una vez más- la vigencia de la Ley de Emergencia, postergando
para el 2005 las discusiones sobre las renegociaciones de contratos que
deberían diseñar el esquema de los servicios públicos en el futuro
inmediato. Hay excepciones muy puntuales donde se perciben avances, sin
que se conozcan las razones de ese trato diferencial.
Los cronogramas originales
de las obras de expansión de los dos gasoductos (TGN y TGS) están
superados, debido a imperdonables dilaciones para resolver los requisitos
de la financiación con la consecuencia de correr los plazos para entrar en
operaciones eventualmente hasta setiembre de 2005, confirmando que el
próximo invierno será muy complicado y, por qué no decirlo, gravoso de
superar.
También las autoridades
postergaron inexplicablemente –por tercera vez- la formación del fondo
para financiar la construcción de dos usinas por 1600 MW que deberían
estar operativas en 2007.
En este contexto,
se escuchan ciertas especulaciones que no hacen más que sumar
desconcierto.
Sorpresivamente, una de
las futuras
autoridades de Enarsa ha dicho que la empresa intervendría en la
finalización de las obras de Atucha II, una tarea que requiere de un nivel
de especialización tecnológica que cuesta encontrar en el mundo.
Este nivel no se puede alcanzar ni
siquiera aplicando todo el capital que el Estado asignará a la compañía
(entre u$s 30 millones y u$s 40 millones para cubrir varios años) hasta
que la firma tenga superávit de caja y que saldrían de una modificación
del presupuesto ya que dinero para inversiones se estima que será aportado
por los potenciales socios y la financiación que se consiga en el mercado.
Varias provincias han
imitado a la Nación y están constituyendo empresas públicas en el área
energética y minera.
El proyecto de Marco
Regulatorio quedó congelado momentáneamente en el Congreso, pero no
en razón de sus contenidos contraproducentes, sino como un gesto
para “aceitar” las relaciones con el G7 y el FMI sobre la deuda externa.
Vivimos una ficción de
aparente movimiento, mientras nos mantenemos en el statu quo más absoluto.
¿Cuál es la “maldición”
argentina? ¿por qué las actividades, que en otras latitudes, se llevan a
cabo con éxito, aquí se encuentran maniatadas? ¿qué nos impide comprender
la importancia estratégica de estos asuntos? ¿cómo analizamos la realidad
internacional y regional? ¿qué país deseamos forjar? ¿cuál será su lugar
en el mundo?
La geografía Argentina no
carece de recursos hidrocarburíferos, hay petróleo y gas. El potencial
hidroeléctrico está sub-explotado y aún no completamos Yacyretá. Hemos
paralizado, por 10 años, la construcción de una usina nuclear cuando se
había alcanzado el 80%. Tenemos condiciones envidiables para la energía
eólica. Hay naciones que pagarían por un régimen de radiación solar como
el que tienen muchas regiones del país. Hasta la geotérmica encuentra en
nuestro suelo sitios aptos para su instalación.
La respuesta a estos
interrogantes –como en muchos otros- apunta a la calidad institucional que
es donde se aprecia con nitidez nuestra falta de aplicación. Una calidad
institucional que no se consigue por "ósmosis". Ya que en este rubro se
requiere el diseño de una estrategia concertada entre todos los actores y
de condiciones adecuadas para su instrumentación práctica. |