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¿Qué significado tiene Camisea para el gobierno a
poco menos de seis meses de su puesta en funcionamiento?
Creo que es llevar a la práctica un viejo anhelo energético del que hemos
venido hablando por 18 años, desde que se descubrió la reserva durante el
gobierno del presidente Belaunde. Creo que es destacable el hecho de que
la primera etapa –el trabajo de campo– se subscribió en la época del
presidente Fujimori, la segunda parte –de transporte y distribución– en el
gobierno de Paniagua y le ha tocado a la administración de Toledo llevarlo
a la práctica.
¿Podemos decir que esta concreción se ha dado en
el marco de los más altos estándares que han marcado un hito a nivel
nacional?
Sí. Creo que en general la industria se ha vuelto mucho más exigente;
quienes están relacionados a la industria y prácticamente todas las
poblaciones aledañas hoy son parte de este nuevo nivel de exigencia. Por
otro lado, la tecnología ha avanzado muchísimo.
¿Qué lecciones deja en el campo ambiental, tanto
para el Estado como para las empresas, que en el futuro se quiera
emprender un proyecto de similar interés?
Una lección que hemos aprendido es que en el diseño mismo del proyecto se
tiene que incorporar la variable social, la variable ambiental y, por qué
no decirlo, la variable política. Hemos aprendido que eso es tan
importante como verificar cuáles son las expectativas de la población
circundante al proyecto y, tratándose de un proyecto que cruza el país de
lado a lado, se ha tenido que identificar problemáticas muy diferentes. La
segunda lección es que el frente internacional resulta en algún momento
tan importante como el nacional. Existen ONGs muy respetables, con
capacidad para difundir lo que piensan y hacen que mucha gente en el mundo
comience a conocer desde el inicio los problemas relacionados con este
tipo de proyectos. En tercer lugar, las instituciones financieras se han
vuelto más exigentes y yo diría más cautelosas. Quisiera exhortarlas a que
continúen financiando este tipo de proyectos porque su presencia es
garantía de prácticas ambientales y sociales adecuadas.
¿Qué diría de las voces que en algún momento se
mostraron disonantes con Camisea?
Si bien fueron un reto, en ningún momento los vi como adversarios del
proyecto. Creo que tuvieron poca información, lo cual fue un error de
ambas partes. Tal vez la campaña de difusión debió haber empezado antes
que las críticas. Si bien algunas organizaciones siguen cuestionando el
proyecto creo que son la minoría; y muchas veces no plantean alternativas
sino simplemente que el proyecto no se haga. Eso es no tener en cuenta el
interés de la mayoría de los peruanos.
A estas alturas el proyecto muestra un avance de
95% en promedio, ¿qué reflexión le merece?
Si bien el Gobierno reconoce todo el mérito de parte del grupo promotor
del proyecto hay que señalar que también ha jugado un rol importante.
El Gobierno tuvo que empeñar no solamente su palabra sino la capacidad de
sus técnicos para llenar ciertos vacíos que existían en la normatividad.
Tuvimos que dar, por ejemplo, las reglas relativas a la protección de la
bahía de Paracas, pero quisiera llamar la atención sobre el hecho de que
no era un problema que traía Camisea, sino que va a tratar de resolver
Camisea. Los problemas relativos a Paracas ya existían desde antes de la
instalación de la planta en la zona.
¿Cómo ve el futuro económico del país con Camisea
en marcha?
En el aspecto económico el impacto es claro: este proyecto puede generar
desde 0,5 hasta 1% de incremento del PBI por año. Además nos convierte en
autosuficientes en una primera etapa y eventualmente en exportadores en
una segunda. En tercer lugar creo que nos vuelve un país más competitivo
ya que la energía va a ser más barata y vamos a depender menos de la
importación.
En esencia, Camisea es una especie de hito en la evolución económica y eso
se va a sentir. Es cierta la frase “antes y después de Camisea”, y eso se
va a notar en términos económicos.
¿Qué podemos esperar para después?
Pensábamos que los estudios de factibilidad del proyecto de exportación se
realizarían entre el 2007 y el 2008, pero hoy estamos ante la posibilidad
de que entre en funcionamiento en esos años.
Ello sería realmente una segunda inyección, otro punto adicional de
incremento del producto bruto –pues son entre 800 y mil millones de
dólares de exportación anual– y, finalmente, el inicio del desarrollo de
otro tipo de actividades.
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