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El Gobierno del Presidente Lula ha
enfatizado que su compromiso frente a los tratados internacionales
consiste en detener la proliferación de armas nucleares pero que ello no
significa que deba abrir su información tecnológica. Por ello, continúa
resistiéndose a brindar acceso a sus instalaciones en las que algunos
diplomáticos sostienen podrían fabricarse los insumos para tales armas.
La posición del Brasil fue
expuesta durante la conferencia general del Organismo Internacional de
Energía Atómica. Brasil suscribió el Tratado de No Proliferación (TNP) en
1997 y aseguró que su programa nuclear seguía objetivos absolutamente
pacíficos.
Sin embargo, Eduardo Campos,
ministro de ciencia y tecnología del Gobierno de Lula relativizó la
validez del mismo cuando dijo en la reunión de OIEA que su país "aprobó
el tratado bajo la condición de una cesación de la carrera armamentista en
plazo breve y de una eliminación completa de las armas nucleares".
El propio tratado, en rigor
conmina a las naciones poseedoras de armas atómicas a desarmarse lo antes
posible.
Los diplomáticos del organismo
internacional familiarizados con el programa nuclear del Brasil señalaron
que el OIEA tiene ahora cierta preocupación por el énfasis que el ministro
ha puesto vinculando el desarme nuclear total con su propio compromiso
para dar cumplimiento al tratado.
Esta presentación se ha producido
en el preciso instante que Brasil no concuerda con el OIEA acerca de la
forma en que la organización mundial debe inspeccionar su planta de
enriquecimiento del uranio, cuya tecnología podría aplicarse a un programa
armamentista.
El organismo internacional ha
deslizado sus dudas sobre el nivel de cumplimiento brasilero del tratado
durante los últimos 28 meses, cuando el país reactivó la construcción de
las usinas.
El Gobierno del Presidente Lula ha
confirmado en junio del corriente que los inspectores de OIEA no fueron
autorizados en las dos oportunidades en que lo solicitaron (febrero y
marzo) para visitar las instalaciones en Resende, alrededor de 30 Km. al
sudeste de Río de Janeiro conde operan las centrifugadoras de
enriquecimiento (gas/centrífugo). Argumentando la necesidad de proteger el secreto
industrial del país, el Gobierno ha dicho que las centrifugadoras, están
-y estarán en el futuro- fuera de los límites de las inspecciones
internacionales.
La planta que ha sido contratada
por la Armada del Brasil a la empresa Industrias Nucleares do Brasil,
puede producir aproximadamente la mitad del uranio enriquecido que se
consume en las Centrales Nucleares Angra 1 y 2 (100 000 SWU/año en
cascadas de 20.000 SWU).
Estas facilidades se emplean para
enriquecer el uranio para que pueda ser empleado como combustible en sus
reactores pero también para sustentar los componentes críticos de un
arsenal atómico. Según el organismo internacional, Brasil es poseedor de
la sexta mayor reserva mundial de uranio y según lo han anunciado sus
autoridades energéticas, planea operar tres plantas atómicas para el año
2014.
La OIEA considera que se han
"hecho algunos progresos" en la disputa con el Gobierno de Lula Da Silva
según lo informó el vocero Mark Gwozdecky; pero sin llegar a un
entendimiento ya que el organismo mundial insiste en "continuar las
conversaciones hasta lograr un acceso completo a las centrifugadoras del
Brasil que permita hacer una verificación adecuada de que no hay faltantes
de uranio enriquecido de esas instalaciones".
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