|
Ha
comenzado la transición energética hacia la economía del hidrógeno. Madrid
ya dispone de los primeros micros impulsados por esta energía e Islandia
acaba de inaugurar su primera estación de este combustible limpio.
Ya se ven en las calles de Madrid los primeros colectivos urbanos
impulsados por hidrógeno y la apertura en Islandia de la primera estación
de este combustible, de la que Hamburgo es pionera, marcan el inicio de la
transición hacia la economía del hidrógeno en nuestra sociedad.
Todavía queda un largo camino para que esta transición energética se
complete, ya que por ahora el hidrógeno es más caro que el petróleo. Sin
embargo, no falta mucho para el abandono definitivo de los combustibles
fósiles no sólo porque su contaminación se hará insostenible, sino también
porque el petróleo se agotará como muy tarde dentro de 50 años. Por David
Carrión.
Los últimos movimientos hacia la economía del hidrógeno no han tenido
lugar únicamente en España e Islandia. Japón también promete tener cinco
millones de vehículos de hidrógeno circulando por sus calles en 2020, para
lo cual ha comenzado a desarrollar la correspondiente infraestructura.
También en Estados Unidos tuvo lugar, los pasados 4 a 6 de marzo, en el
Capitol Hilton de Washingon DC, la XIV Conferencia Anual sobre Hidrógeno,
bajo el título“Seguridad Energética a partir del Hidrógeno”.
Entre los patrocinadores del evento se encontraban el Departamento de
Energía de los Estados Unidos, las petroleras British Petroleum, Chevron
Texaco, los grandes fabricantes Ford Motor Company, General Motors,
Daimler–Chrysler, BMW, y también el Centro Espacial Kennedy de la NASA.
Asistieron como conferenciantes Spencer Abrahams, Secretario de Energía de
los Estados Unidos; los Senadores de EEUU Byron L. Dorgan y Daniel Akaka;
el congresista John Peterson, de la Cámara de Representantes; Hank Habicht,
Delegado de la Comisión Nacional de Política Energética de los Estados
Unidos; Larry Burns, vicepresidente de I + D y Planificación de General
Motors; Bernard Bulkin, científico Jefe de BP.
¿Qué temas se trataron en aquella Conferencia? ¿Cuál es la importancia del
Hidrógeno en los Estados Unidos, la primera potencia mundial, para que el
Congreso organizado por la Asociación Nacional del Hidrógeno convoque con
éxito la participación de un Secretario (ministro) de la Administración
Bush, dos senadores, un congresista, un Vicepresidente de General Motors,
y altos directivos y científicos de empresas petroleras y proveedoras de
energía?
¿Qué es lo que hay en juego tras las investigaciones sobre el hidrógeno?
¿Por qué los gestos de Alemania, Japón, Islandia y España? Estas preguntas
podrían transformarse, por ende, en una sola: ¿se va a convertir el
hidrógeno en la energía del futuro?
Fin de la era del petróleo
En la actualidad, nuestra sociedad se nutre básicamente del petróleo. Con
él funcionan nuestros medios de transporte, se fabrican todo tipo de
objetos que rodean nuestra vida cotidiana, gracias al petróleo conseguimos
diversas formas de energía, se producen medicinas.
Nuestro mundo post-industrial está rodeado de petróleo en todas partes y
en todas las actividades humanas. Pero llega un momento en que las
reservas disponibles alcanzan un umbral a partir del cual el total mundial
es cada vez menor.
El balance entre producción y reservas decrece, y se gasta más petróleo
del que se descubre. Una vez que las reservas son siempre decrecientes, el
precio del petróleo necesariamente inicia una curva inflacionista
creciente.
Es la curva de la campana de Hubbert. El problema no es el agotamiento del
petróleo, sino el descenso de las reservas, que ya de por sí tienen un
efecto catastrófico. King Hubbert estableció que las reservas de Estados
Unidos, la primera potencia productora de petróleo a comienzos del siglo
pasado, llegarían a su cima en los años setenta del siglo XX.
Límite en 2050
El descubrimiento de nuevos yacimientos en Alaska retrasó la fecha hasta
1974. A partir de entonces, las reservas no han parado de descender. La
dependencia de los Estados Unidos respecto de las importaciones de crudo
ha sido cada vez mayor.
Las últimas reservas se encontrarán, dentro de medio siglo, en el Golfo
Pérsico. Esto puede explicar la política internacional de los últimos
años, y el agresivo interés de Estados Unidos por controlar la región de
Oriente Medio.
Pero hay un hecho incontestable, el petróleo se está terminando. Algunos
expertos estiman que la producción mundial tocará techo en algún momento
entre los años 2010 y 2016. Otros, más optimistas, sitúan punto de
inflexión de la campana de Hubbert entre el 2030 y el 2050. La era de los
combustibles fósiles toca a su fin.
La descarbonización de la energía
El hidrógeno es el elemento más presente en todo el Universo,
constituyendo el 90% de sus moléculas. Como energía, resultaría
inagotable. Fue descubierto por el químico y físico inglés Henry Cavendish
en 1766.
En la Tierra muy rara vez se encuentra aislado, y hay que realizar un
proceso intermedio, –electrólisis o reformación-, para poder utilizarlo
como combustible. Por eso se le llama “energía derivada”.
La especie humana ha seguido un proceso de ‘descarbonización’ en sus
fuentes de energía, desde la madera hasta el petróleo. Así se denomina a
la progresiva sustitución de átomos carbono por otro de hidrógeno.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la principal fuente
de energía ha sido la madera, que tiene la proporción más alta de carbono
en relación al hidrógeno:10 átomos de carbono por 1 de hidrógeno.
Menos carbón
El carbón fue sustituyendo a la madera en el papel de energía más
utilizada, poco a poco al principio, y a grandes saltos a partir de la
Revolución Industrial. Entre los combustibles fósiles, el carbón es el que
guarda una mayor proporción de carbono respecto al hidrógeno: en
proporción 2/1 o 1/1. El petróleo tiene un átomo de carbono por cada átomo
de hidrógeno; y, por último, el gas natural posee sólo un átomo de carbono
por cada cuatro átomos de hidrógeno; la energía más limpia.
Con cada paso en la descarbonización, menos CO2 se libera a la
atmósfera. El hidrógeno completa el ciclo. No contiene ningún átomo de
carbono. Sin embargo, es el más difícil de obtener, puesto que como
energía derivada requiere ser producido a partir del uso de otra energía.
¿Es viable la explotación del hidrógeno hasta el punto de poder
protagonizar la transición de la era del petróleo a un nuevo periodo
energético humano?
Actualmente existen varias formas de producir hidrógeno, siendo la más
extendida la de extraerlo del gas natural por medio de un proceso de
reformación del vapor.
Con ayuda de un convertidor catalítico, se produce una reacción entre el
gas natural y el vapor, cuyo resultado es hidrógeno y residuo de dióxido
de carbono.
Este proceso se puede realizar también con carbón y con petróleo. Si bien
se trata de las formas más baratas de producir hidrógeno, la solución es
muy parcial, ya que sigue utilizando un hidrocarburo en la conversión, y
se emite CO2.
Energía sin carbono
Su insustentaibilidad radica en que necesita de un combustible fósil, y al
mismo tiempo fomenta el calentamiento planetario por la emisión de CO2. La
mitad del hidrógeno que se produce actualmente en el mundo se obtiene del
gas natural, cuya producción, según el Instituto de Investigación sobre la
Energía Eléctrica, de los EEUU, aumentará hasta un 60% en los próximos
veinte años, pero no con la suficiente rapidez para cubrir la creciente
demanda de electricidad.
La investigación se centra ahora en saber si es posible el empleo de
energías renovables sin carbono: descomponer el hidrógeno del agua a
partir de energía fotovoltaica, eólica, hidráulica o geotérmica.
Para ello, los costes de estas formas de energía deberían bajar de forma
importante. Seth Dunn, miembro del Worldwatch Institute, declara que los
costes de los electrolizadores basados en la energía solar o eólica son
todavía altos, aunque se prevé que se reduzcan a la mitad durante la
próxima década.
Lo cierto es que el coste de las células de energía solar ha bajado un 95%
desde los años 70. Son las petroleras, como Dutch-Sell o British Petroleum,
las que están invirtiendo mayores partidas en tecnología solar y otras
energías renovables, anticipándose al fin de los combustibles fósiles.
Economía del hidrógeno
Jeremy Rifkin, director de la Foundation on Economic Trends, ha llegado
más lejos en su optimismo acerca de la energía del hidrógeno. En su obra
La economía del Hidrógeno, (Piados, 2002), Rifkin, asesor de varios jefes
de Estado y de Gobierno, asegura que el hidrógeno va a constituir la
primera distribución democrática de energía en la historia.
Por medio de redes ciudadanas vinculadas en torno a sistemas de Generación
Distribuida, los consumidores de electricidad pasarán a ser vendedores de
sus propios excedentes energéticos. Cada uno pasará a tener su propio
dispositivo de producción de electricidad, fuell –cell, y podrá vender su
sobrante a los grandes proveedores.
Una vez que el coste de las pilas de combustible alcance un nivel
razonable, los países del tercer Mundo dejarán de aumentar su deuda
externa a base de pedir créditos para importar barriles de petróleo. Se
encargarán, con el ahorro resultante, de hacer extensible el uso de la
electricidad a amplias zonas del mundo que se encuentran ahora
literalmente en la oscuridad.
Con esta distribución democrática de la energía se evitarán nuevas
guerras, como los conflictos destinados a asegurar el acceso a los úl-timos
grandes yacimientos del mundo. El panorama que Rifkin prevé es muy
alentador, pero se topa con algunos problemas de magnitud y también con un
desconocimiento de los sistemas de gestión.
¿Falsas esperanzas?
El concepto de prosumidor, que él augura para todos los ciudadanos,
está ya vigente en España con la energía eólica y la solar. Una persona
puede tener su propia planta eólica y fotovoltaica en casa, y vender a la
red general la electricidad que no necesite. Pero, aparte de los costes de
implantación de los dispositivos eólicos o las células solares, cuyo
retorno es rápido pero exige una fuerte inversión inicial, ¿cuántos
particulares, en realidad, están vendiendo su excedente eléctrico a los
grandes canales?
Jean-Marc Jancovici, ingeniero francés experto en problemas de cambio
climático y autor de "L'avenir climatique" (Ed. du Seuil, Paris, 2002), ha
respondido a Jeremy Rifkin en una carta abierta publicada en el diario Le
Monde: Bien intencionado, pero ignorante de los or-denes de magnitud, J.
Rifkin nos presta un pésimo servicio y sobre todo provoca falsas
esperanzas.
Jancovici considera que las expectativas sobre el hidrógeno están en este
momento sobrevaluadas. La obtención de hidrógeno a partir del gas natural
por cracking, procedimiento que abarca al 50% de la producción mundial, es
más contaminante que la combustión directa de gasolina en los coches.
Otras energías
En cuanto a obtener hidrógeno a partir de otras energías, para mantener el
nivel actual de movilidad del parque automovilístico francés, por ejemplo,
la energía solar se muestra absolutamente insuficiente.
Quedan, pues, la hidroelectricidad -que requeriría multiplicar las
represas por 10 o 15- o la energía nuclear, en cuyo caso habría que
duplicar las centrales, con los consiguientes riesgos.
El debate acerca de esta alternativa energética aumenta sin cesar, quizá
debido a la conciencia generalizada de que se están produciendo efectos
muy graves por conseguir el control de los últimos grandes yacimientos
petrolíferos del planeta.
Energía infinita
¿Podrá sustituir el hidrógeno al petróleo en unas décadas? Lo cierto es
que algo tendrá que sustituir a los combustibles fósiles, cuya escasez es
un hecho sobre el cual existe poca información en la opinión pública.
Puede que el hidrógeno, la energía infinita, sea caro de obtener en el
estado actual de la tecnología. Pero es sólo cuestión de tiempo que
resulte aún más caro el uso del petróleo.
El vaticinio que Edison realizó sobre la luz eléctrica y la de la
procedente de la combustión de cera se actualiza un siglo después.
Advertido el inventor de la bombilla incandescente de que muy poca gente
podría permitirse el uso de esa nueva luz, Alba Edison replicó: En
realidad, dentro de muy poco tiempo casi nadie podrá permitirse iluminar
su casa con velas.
Primeros coches de hidrógeno
De momento, varias compañías, por no decir la mayoría de los grandes
fabricantes mundiales, están invirtiendo en el diseño de vehículos fuel-cell,
esto es, impulsados por hidrógeno.
Incluso el líder mundial General Motors y el alemán BMW acaban de firmar
un acuerdo de colaboración para el desarrollo de equipos de carga seguros
y estandarizados, tanto en vehículos de hidrógeno como en estaciones de
servicio.
En enero de 2002, General Motors presentaba en la Exposición
Norteamericana Internacional de Automóviles, celebrada en Detroit, su
nuevo prototipo de coche de hidrógeno, el “Autonomy”, con su lustroso
cuerpo futurista. Mercedes Benz, Toyota y Honda van a la zaga.
Un coche de hidrógeno tiene muchas menos piezas que uno convencional. En
él desaparecen los pedales del freno, acelerador y embrague, así como el
cambio de marchas. Todo pasa a ser dirigido mediante un mando único
utilizado con la mano.
Al tener menos piezas, la duración de los vehículos es mayor, están
preparados para durar al menos veinte años. La erosión de las piezas y su
desgaste es mucho menor: recordemos que no hay combustión interna dentro
del motor.
Fascinante silencio
Los vehículos se mueven en medio de un silencio que ya de por sí es un
valor añadido que despierta enorme fascinación. No emiten, naturalmente,
ninguna clase de contaminante.
El reto se presenta muy atractivo, ¿podrá cambiarse el parque
automovilístico y pasar a la universalización del hidrógeno como
combustible de nuestros coches?
Para lograrlo, hay que encontrar la forma de hacer descender el precio de
producción de hidrógeno, utilizando un método que no sea a su vez
contaminante.
Hay compañías que producen hidrógeno a partir de la quema de combustibles
fósiles. No solamente resulta más cara la energía disponible tras el
proceso que la utilizada en su producción, sino que es un método
inaceptable por sus efectos medioambientales.
El hidrógeno es almacenado en pilas de combustible, y de aquí parte una de
las objeciones más frecuentes: las pilas, dicen, van a ocupar en las gamas
media y alta de los vehículos más volumen que el tradicional depósito de
gasolina.
Pilas de combustible
Pero los coches están siendo diseñados de tal forma que las pilas de
combustible no eliminen espacio en el baúl ni se lo quiten a los
pasajeros. Además, con el mismo volumen, el coche puede tener más
autonomía que su equivalente en gasolina o propano.
En el modelo Honda, abajo, la autonomía probada es de 640 kilómetros. Esto
lo convierte en una alternativa viable una vez que se extienda la red de
estaciones de servicio, o los módulos de carga PEM en hogares y edificios.
Los coches se enchufarían en casa o en la oficina. La primera estación de
servicio fue inaugurada en enero de 1999 en Hamburgo. El alcalde de esta
ciudad alemana invitó al público a imaginar una ciudad con estos
vehículos, silenciosos, sin humos. La visión es prometedora, ¿seremos
capaces de hacerla realidad?
En Madrid ya circulan los primeros colectivos de hidrógeno e Islandia
acaba de inaugurar su primera estación de combustible de hidrógeno para
suministrar a los vehículos energía limpia en lugar de combustibles
fósiles contaminantes, de la que la ciudad alemana de Hamburgo es pionera.
Además de Estados Unidos, la Unión Europea también busca vías más amplias
para usar hidrógeno en células de combustible para generar electricidad
que pueda dar energía a los vehículos.
Parece que el paso a la economía del hidrógeno está en marcha.
|