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Atucha II
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El Gobierno argentino intenta el relanzamiento del proyecto Atucha II, luego de una prolongada paralización, conectando la idea de resolver cuestiones pendientes con Siemens con un momento de crisis en el sistema energético. Como se recordará el proyecto Atucha II fue objeto de una licitación internacional en 1980. Un año después, la empresa alemana Siemens-KWU obtuvo el contrato. El costo total del proyecto previsto originalmente era de 1578 millones de dólares. El 50% de los suministros serían importados y el resto sería provisto por Argentina. Siemens, responsable de los suministros importados, tenía asegurado el financiamiento a partir de créditos otorgados por un consorcio de bancos alemanes. El reactor de agua pesada presurizada (PHWR) de 750 megavatios debía entrar en servicio comercial en 1987, hace 16 años, y tendría una vida útil de 40 años. No obstante, nunca fue terminado debido a que las obras se interrumpieron indefinidamente en la década de 1980. El proyecto quedó archivado con sólo un 81% del reactor completo. A mediados de 1996 nuestra Fundación publicó el libro "LA BATALLA DE LA ELECTRICIDAD" donde proyectábamos, que sin entrar en servicio, ya se habían gastado 2600 millones; los cálculos oficiales estimando el costo final de la obra entonces ascendían a U$S 3464 millones. Sin embargo, nuestro propios cálculos ubicaban el fin de la obra en aproximadamente U$S 4824 millones, de mantenerse el bajísimo avance anual acumulado. Sólo mantener las instalaciones inactivas, incluida la planta de agua pesada en Arroyito, cuesta más de U$S 25 millones anuales. Un estudio elaborado por la empresa contratista demostraba que tomando como hipótesis una demora con sólo 7 años de atraso, el aumento por la aplicación de intereses puede elevar los costos en 217% durante la construcción. Ya en ese momento, los módicos 750 MWe habían costado al país el precio de todo el Plan Nuclear programado en 1979. En esa época hubo propuestas para mantener abierta la "opción nuclear", poniendo a funcionar el generador de Atucha II permitiendo que su producción eléctrica contribuyera a financiar la actualización y terminación de la parte nuclear. De haberse aplicado ese esquema hace años el problema hubiera estado completamente resuelto. Pero no prosperó debido a dos factores: por un lado la resistencia dentro del sector nuclear, que no comprendía el proceso de cambio que se estaba viviendo y; por el otro, los intereses termoeléctricos en base a turbinas de gas que tenían asentados sus reales en la propia Secretaría de Energía . El emprendimiento hidroeléctrico de Yacyretá tuvo más suerte dado que el Banco Mundial estaba financiando y presionando para su finalización. En 1999, un grupo de trabajo del gobierno estudió la posibilidad de completar Atucha II, pero la idea fue abruptamente abortada debido a que el costo total de la terminación era de U$S 800 millones, y el Estado Nacional sería prácticamente el único encargado de la financiación. Asimismo, se había realizado otra escandalosa estimación del cierre definitivo que ascendía a U$S 375 millones, para tratar de convencer a las autoridades de la época de la viabilidad de la culminación. Como informó Nucleonics Week el 25 de septiembre de 2003, un grupo conformado por CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) y NASA (Nucleoeléctrica Argentina S.A., operadora de las centrales Atucha I y Embalse) actualizarían la propuesta de culminación de la central. Teniendo en cuenta la devaluación del peso argentino, según los planes actuales de CNEA/NASA, la presente actualización del proyecto rondaría "solamente" los U$S 400 millones, aunque enviando a "costo hundido" todo lo gastado en Atucha II y en la Planta Industrial de Agua Pesada. Pero los componentes de la obra, aunque conservados en condiciones, tienen en su mayoría las garantías vencidas; a pesar de no haber funcionado nunca, muchos equipos son obsoletos y requerirían su actualización total. Hay fabricantes de partes que han dejado de hacerlas y que han cerrado sus fábricas. Los especialistas, técnicos e ingenieros nucleares que diseñaron la planta ya se han retirado y Siemens transfirió su área nuclear a la francesa FRAMATOM. Con este esquema de dificultad, se pretende terminar la construcción en cuatro años -un plazo que no contribuye a solucionar los problemas de energía del 2004 y 2005 ya que, como es sabido, si no se hubiera producido la recesión de los últimos tres años, seguramente ya hubiese hecho crisis el abastecimiento eléctrico (ver aparte).Para entonces, ya deberíamos estar pensando en la actualización o cierre de Atucha I que comenzaría a cumplir los plazos de su vida útil (amén de los problemas que tuvo). En energía nuclear, los 20 años de atraso a que se llegará finalmente equivalen a 20 siglos en tecnología, muchos más si se extravía el camino como ha sido nuestro caso. Sin embargo, la última palabra la tendrán los expertos de Siemens cuando informen a las autoridades argentinas sobre sus estimaciones presupuestarias para la terminación de la planta, un número que será difícil de digerir y mucho más de financiar.
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