Bases para un Plan de Negocios

 

 

La única verdad

 

Ya no resulta seguir aplicando “parches” para morigerar los efectos de la grave situación que nos agobia; tampoco se debe confundir una buena recepción “política” del nuevo Gobierno argentino con una buena predisposición económica hacia la Argentina. Así como una “golondrina no hace verano” una gira presidencial no “coloca nuevamente a la Argentina en el mundo”, porque la Nación Argentina es mucho más que su Gobierno.

 

A nivel de las grandes políticas de Estado la magia no existe y es muy peligroso actuar de manera escapista frente a la realidad, porque ésta nos asechará y nos alcanzará implacablemente más temprano que tarde.

 

Está a la vista que, mientras “somos bien recibidos políticamente” todas las negociaciones en la OMC han sido muy decepcionantes para el país; que dependemos de terceros para evitar el default total; que ya afrontamos pleitos en las cortes internacionales por montos gigantescos; que las negociaciones financieras presentarán restricciones para la actividad interna; y que casi no hay inversión ni mantenimiento. Estamos destruyendo la dotación de recursos. Nos estamos “comiendo” el capital y destruyendo el trabajo.

 

Al ver a la forma en que la dirigencia del país se concentra en dirimir sus diferencias de grupo o facción, se comprende que nuestro mayor default no es económico sino político e institucional.

 

A causa de ese “default” se llegó a la “implosión” del 2001 cuando el valor del P.B.I. argentino se sinceró repentinamente. La ilusión cambiaria, previa al estallido, mostraba como verdadera la fantasía de un producto bruto interno de 280.000 millones de dólares y el ingreso per cápita más alto de América Latina.

 

Todo quedó reducido a apenas U$D 168.000 millones.

 

A nivel del ingreso por habitante retrocedimos en sólo 20 meses la exorbitancia de 20 años; un récord sólo igualado por países que sufren catástrofes naturales y la guerra.

 

La “implosión” ha tenido un efecto devastador sobre la capacidad del Estado argentino para honrar la deuda pública; porque la caída de la moneda nacional ha licuado el valor del Producto Bruto Interno pero no el de las obligaciones del Gobierno, nominadas en moneda extranjera casi en su totalidad.

 

Ahora la deuda externa con su monto de U$D 180.000 millones, es mayor a 100%! del P.B.I. e involucra 750.000 inversores que tienen 152 tipos distintos de bonos emitidos en 14 monedas y correspondientes a 8 legislaciones distintas.

 

La deuda en cesación de pagos llega a 102.700 millones de dólares superando -por mucho- el caso de Rusia, que hasta la “implosión” argentina era el más grande jamás conocido (U$D 31.500 millones).

 

El proceso de levantamiento del default es de resultado incierto, debido al tamaño casi increíble de la deuda. Hay que considerar que, de esa cifra, sólo U$D 35.000 millones es con los organismos multilaterales (FMI, BM y BID) y, por lo tanto, quedan afuera de toda reestructuración, ya que dichos organismos no aceptan quitas ni reducciones de la tasa de interés.

 

A lo sumo, la Argentina puede lograr una nueva refinanciación, postergando las fechas de vencimiento. Preservando a las instituciones financieras del riesgo de pasar a la categoría "chatarra" los títulos, porque la deuda del país representa 60% del patrimonio neto del Banco Interamericano de Desarrollo y casi 30% del patrimonio neto del Banco Mundial.

 

El resto, es con los inversores privados, argentinos e internacionales. De estas sumas, hay aproximadamente U$D 70.000 millones en títulos sujetos a las leyes extranjeras (de los cuales U$D 20.000 millones están en manos de argentinos) y más de U$D 35.000 millones en los préstamos garantizados. El Gobierno ha indicado que se reestructurarían estas últimas categorías, es decir, bastante más de U$D 100.000 millones.

 

Desde diciembre del 2001 no pagamos a los acreedores privados y hemos refinanciado a los tropiezos los vencimientos con los organismos multilaterales. Sin pagar deuda, seguimos siendo el mismo país en quiebra y los índices de recuperación son un simple “rebote” de la devaluación y la sustitución de importaciones.

 

Sin embargo, debemos resistir la tentación del autoengaño, tan frecuente en nuestras tierras. Lo que constituye un gran derrumbe para nosotros, no representa una amenaza siquiera mínima para el orden internacional. Hace mucho que no tenemos “peso” en el concierto de las naciones. Y el efecto “contagio” no se ha producido.

 

Las consecuencias nos afectan más que a nadie a nosotros mismos, tal como lo demuestra el vertiginoso aumento de la pobreza y el descenso del nivel de ingreso general de la población. El porcentaje de hogares técnicamente “pobres” pasó de 22% en el 2001 a 45% a principios del 2003.

 

De acuerdo un reciente informe de OIT el salario real promedio –para los trabajadores ocupados- es 60% mas bajo que el existente en 1970.

 

Según datos oficiales, en el 2003 hay 17.800.000 personas en la pobreza y, cada año que pasa, se agregan otros 500.000. Debemos ser conscientes que pese a los planes de ayuda –mientras se leen estas líneas- cada minuto que transcurre hay 57 pobres más, casi cada segundo un argentino ingresa a la exclusión....se “cae” del mapa de la República.

 

Metafóricamente, el proceso se asemeja a un barco accidentado que se inunda más rápido que el agua que su tripulación logra evacuar. De nada servirían las rencillas entre marineros estableciendo culpabilidades sobre la fisura del casco. Si nadie trabaja en cerrar la rotura, se hundirá sin remedio.

 

Está muy claro que la solución no provendrá del exterior aunque nos refinancien completamente las deudas, se practiquen quitas inusuales a los montos adeudados (70 u 80%) y nos “estiren” los plazos de vencimiento (25 a 30 años) dejando un margen para reactivar, continuar sustituyendo importaciones y repartir subsidios a los ciudadanos empobrecidos.

 

No existe un “bote salvavidas” que albergue a todos los argentinos.

 

A este paso, y aun suponiendo un gran éxito en esta política de “parches”, nuestra declinación estará asegurada; y es fácil comprobarlo, de acuerdo a los datos oficiales con los que el Gobierno está negociando: si nuestra economía crece hasta 2010 al 4,5% anual y la población lo hace al 1%, en 2010 tendríamos un nivel de riqueza por habitante equivalente al de 1998, habiendo retrocedido (para el 2010) 12 años en el contexto de un mundo que nos va dejando inexorablemente atrás.

 

Debemos ser conscientes que esta propuesta argentina para salir del default roza la fantasía y que, de concretarse, sería la quita más grande de la historia económica mundial, muy superior al 38% pedido por Rusia en el ‘98 o el 60% de Ecuador en 1999.

 

En ese “mundo ideal”, -suponiendo tasas bajas de crecimiento para el resto del mundo- acumularíamos un retroceso relativo de 20 años respecto al resto de los países. Poco importa el debate de si hay plan o no hay plan; el Gobierno debería sincerar adónde llegaremos con la estrategia que está aplicando.

 

A modo de análisis paralelo debemos considerar que, mientras nosotros perdemos el rumbo, Brasil ha puesto en funcionamiento un Plan - 625.000 millones de dólares al cambio actual- que incluye un programa de obras públicas (12.425 km de líneas eléctricas, finalización de centrales eléctricas y nucleares, aumento a 2,2 millones de barriles diarios de petróleo y la construcción o recuperación de 48.500 km de rutas), creación de 8 millones de puestos de trabajo, de desarrollo de las industrias siderúrgica, química, de papel y celulosa, y electrónica, y el lanzamiento de una nueva política industrial con incentivos fiscales, subsidios y líneas especiales de crédito.

 

En base a esta información, podemos preguntarnos: ¿Con qué carácter se integraría Argentina al MERCOSUR y/o al ALCA?.

 

Macropolítica

 

Si queremos evitar ese destino ominoso es imperioso contar con un conjunto de reglas económicas e institucionales de largo plazo; es decir, desarrollar un “Plan de Negocios Argentinos” que constituya el motor de nuestro desarrollo económico. Y aunque parezca algo extraordinario, es una estrategia que la Argentina -con gran éxito- ha desarrollado hace más de 100 años para enfrentar y resolver crisis similares.

 

No hay que confundir la idea de “plan sustentable” con simples equilibrios fiscales. Es preciso encarar reformas de fondo como, por ejemplo, una reingeniería completa del sector público argentino para adecuar el gasto al cumplimiento eficiente de las funciones del Estado. Pero, fundamentalmente hay que crear más riqueza –mucha más- que la que necesitamos para consumir y cumplir con nuestras obligaciones.

 

En la época de Alberdi gobernar era “poblar”, después a partir de los 70 fue “crear trabajo”, ahora será “generar riqueza”.

 

Este ensayo está dirigido a presentar una propuesta movilizadora del enorme potencial argentino. Está basado en información disponible en el Ministerio de Economía; y es una exploración incompleta de lo que es posible hacer para generar riqueza, en lugar de administrar la miseria en forma más o menos justa.

 

Esto poco o nada tiene que ver con la sobreactuada cuestión del mercado interno o externo ni con el debate de consumo o exportación, donde cada factor por sí sólo es insuficiente para garantizar un efecto definitivo para resolver la gravísima crisis argentina.

 

Necesitamos algo más sólido y definitivo que garantice el verdadero crecimiento en un agresivo programa de expansión económica. Para superar la crisis en que nos encontramos, el mercado a conquistar no es la Pampa Húmeda sino el mundo globalizado.

 

La Argentina está en condiciones de plantear una estrategia de crecimiento liderada por las exportaciones e inducida por inversiones en los sectores productores de bienes transables.

 

Como se trata de un ensayo, es perfectible. Espera ser enriquecido por otros aportes de quienes consideren su responsabilidad para coadyuvar al establecimiento de una estrategia económica que funcione; y también para mantener esa estrategia en operación en el contexto de los cambios y oportunidades internacionales que sobrevendrán.

 

Las Fuerzas Impulsoras

 

¿Qué sectores tienen el potencial de ser “locomotoras de crecimiento” de la economía argentina? Estudios recientes de CEPAL, confirman que el país tiene áreas emergentes interesantes, con alto valor agregado y, al mismo tiempo, muestran una consolidación importante de rubros como el agropecuario o el energético, con capacidad para producir un “efecto tractor” sobre el crecimiento futuro.

 

La convertibilidad redefinió por la fuerza la estructura productiva de la Argentina y estableció un cuadro de sectores sobrevivientes que, guste o no, será la guía de cualquier intento de recuperación sostenida, junto a sectores nuevos en los que el país tiene potencial y ventajas.

Los últimos estudios sectoriales demuestran que la Argentina tiene por delante la posibilidad de definir un esquema de crecimiento productivo basado en varias “locomotoras” de crecimiento que permiten pensar en términos de mercado globalizado.

La mayoría de estos sectores pueden competir exitosamente en el mercado globalizado. El comercio externo argentino representa apenas el 0,4% del comercio mundial de bienes. Apenas si exportamos un 7.2 % de nuestro PBI por lo que -en una estrategia de 3 a cuatro años- podríamos triplicar nuestras ventas al exterior multiplicando el número de empresas y sectores que exportan y llegando a mercados más diversificados.

 

Gran parte de la estrategia de crecimiento consiste en elaborar y ejecutar programas sectoriales en base a metas esperadas. Cada uno de estos programas estratégicos debe establecer con precisión el objetivo a alcanzar, la factibilidad y las acciones gubernamentales que se requieren para lograrlo. Las tácticas y todos los aspectos operativos deberían ser responsabilidad exclusiva del sector privado que, como es lógico reaccionará adecuadamente ante los estímulos correctos.

 

El Estado debe aportar la eliminación de los impuestos anti productivos y distorsivos para la comercialización de la producción argentina.

 

Complejo Agroindustrial

A primera vista, resulta evidente la capacidad del complejo agropecuario gracias a la masiva incorporación de tecnología en la década de los años ’90, así como la creciente integración de sus cadenas de valor. Este sector ha sido y es muy dinámico; está en condiciones de continuar su histórico aporte al crecimiento económico.

En la actualidad es el principal proveedor de divisas del país 13.600 millones de dólares: los productos agropecuarios (primarios y manufacturas de origen agropecuario) representan 50% de las exportaciones totales. El estudio de la CEPAL confirma que la estructura del sector agropecuario cambió positivamente respecto de los productos de alto valor que más crecieron en el comercio internacional: entre 1991 y 2001 el incremento fue 130%.

Argentina es ya primer exportador mundial de aceite de soja, aceite de girasol, pellets de soja, pellets de girasol, harina de soja, limones y miel.

Actualmente se exportan alimentos más sofisticados y productos exóticos que no se vendían una década atrás, como frutas finas, kiwis, papas pre-fritadas y hortalizas congeladas; junto a otros como vinos, aceitunas, uvas de mesa, aceites esenciales o espárragos que multiplicaron sus volúmenes comercializados. Estos productos tienen una enorme capacidad de expansión porque representan un escaso 5% del total de las exportaciones agropecuarias; su importancia consiste en su versatilidad frente a las nuevas tendencias del mercado mundial y por consiguiente constituyen una clara oportunidad de negocios para aumentar las ventas al exterior.

Existe una sólida tendencia en los países de medianos y altos ingresos a demandar productos frescos, “naturales”, asociados a cualidades relacionadas con la salud, el placer y el estatus. En este terreno, las ventajas de la Argentina son enormes, porque a la tradicional disponibilidad de recursos naturales para el agro le suma condiciones ecológicas que, en muchas regiones, le permiten no utilizar –o utilizar muy pocos– productos fertilizantes, plaguicidas o herbicidas. De esta forma, estos bienes pueden ser catalogados como orgánicos o con bajo contenido de sustancias sintéticas.

Es posible diseñar medidas para fomentar mayor encadenamiento de actividades para aprovechar a fondo recursos que, de otro modo, quedan en el estadio de los meros commodities. Se puede trabajar en base a productos elaborados de carnes, frutas, mieles, granos, leche y sus derivados, los cítricos (jugos, bebidas, esencias) fármacos y cosméticos incorporando el aporte de biotecnología y aprovechando las propiedades favorables de nuestra “iluminación fría”.

 

Esta acción derribaría las barreras proteccionistas que afectan a los commodities. Es en las cadenas agroindustriales donde el desafío es desarrollar nichos de productos con diferenciación y marcas.

 

Adicionalmente, el desarrollo de este tipo de producciones potencia los efectos multiplicadores, la creación de empleo, y amplía la actividad económica a diversas zonas del país, creando polos de crecimiento regionales con una importante presencia de Pymes. Por otra parte, permitiría diversificar el destino de las exportaciones que actualmente se concentra en Brasil (50%), Sudáfrica (15%), China (10%) y España (7%).

Las recomendaciones estratégicas de la CEPAL apuntan a valorizar la oferta mejorando la sanidad y la calidad, desarrollar e imponer la marca país y avanzar en una alianza estratégica entre el sector público y el privado que fortalezca institucionalmente el dinamismo de la producción, algo que no depende más que de decisiones internas.

Programa pesquero y acuicultura

 

La industria pesquera argentina tiene uno de los porcentajes mas altos de participación de la producción derivada hacia la exportación, alcanzando el 80% de la misma. Esta sola circunstancia hubiera justificado otorgarle una alta prioridad en las preocupaciones de los sucesivos gobiernos que proclamaron

su interés en expandir nuestras ventas al exterior. Pero ello no fue así, lo cual ha fragilizado la situación de esta actividad relativamente nueva.

 

Nuestra plataforma continental, representa ocho veces la de Noruega, tres veces la de Nueva Zelandia, un 35% de la de Australia y sólo un 30% de la de Canadá. En las aguas bajo jurisdicción argentina habitan 416 especies de peces, a los que debemos agregar varios crustáceos y moluscos. De esas 416 especies, sólo 90 (21.6%) son considerados de interés pesquero y este número puede reducirse drásticamente teniendo en cuenta su abundancia.

 

Nos da una idea de esto el hecho de que, normalmente, las especies cuya captura es regulada por la autoridad de aplicación no superan las 28 (6.7%).

 

Para dar una idea de la importancia de nuestra pesca a nivel mundial podemos decir que Argentina ha ocupado, en la década 1985 - 1994, alrededor del puesto 22. Esta posición mejoró hasta colocarse en el puesto 16 en 1997 con 1.351.066 toneladas capturadas, con un costo inaceptable: una alarmante

sobrepesca de la merluza común.

 

Para dar una idea de la ubicación de nuestro país respecto de otros Estados sudamericanos en 1998 (últimas estadísticas de FAO) digamos que Perú (5º) pescó 4.338.437 ton., Chile (7º), 3.265.306 ton.y Brasil (25º), 708.332 ton.

 

La pesca es un poderoso generador de riqueza y empleo siempre que la actividad se base en una pesquería sustentable y económicamente rentable, con un profundo desarrollo tecnológico y no el otorgamiento “bajo la mesa” de permisos para el saqueo sistemático de las riquezas comunes.

 

Una gran expansión de la producción de pescado puede provenir de la acuicultura, dadas las extraordinarias condiciones naturales del país que cuenta con sufrientes fuentes de agua para esta industria.

 

La producción acuícola mundial llega a 35 millones de toneladas, representando un 25% de la totalidad de la pesca con un valor de 46.000 millones de dólares al año. El consumo mundial viene creciendo sostenidamente (30% en los últimos 5 años).

 

Las enormes posibilidades argentinas quedan de manifiesto si consideramos que actualmente participamos con sólo el 0.5 % de ese gran mercado internacional.

 

Programa minero

 

Argentina posee un alto potencial en recursos minerales metálicos como el oro, plata y cobre por su ubicación geológica, al encontrarse al este de Chile y al sur de Bolivia. Sin embargo, la minería en Argentina no ha sido muy activa hasta ahora.

 

En los años 90, se logró cierto progreso en la exportación y el desarrollo de la minería, con el ajuste de las regulaciones relacionadas, el relevamiento de las zonas mineras y el influjo de capital extranjero.

 

Un estudio realizado por la Dirección Nacional de Minería sobre el impacto de la devaluación del peso argentino en el sector muestra que, tanto la actividad exploratoria como la producción de metalíferos a gran escala, se tornan fuertemente competitivos y podrían atraer en el mediano plazo inversiones de riesgo para el sector.


Los informes de CEPAL aclaran que, si bien no se dispone de información sobre la dinámica de inversiones de las empresas mineras de capital nacional, preponderantemente Pymes que operan en los subsectores no metalífero y rocas de aplicación, se puede deducir –a partir de la información del registro de la ley de Inversiones– que un grupo de firmas realizó inversiones orientadas a la reconversión productiva y modernización (por vía de la incorporación de maquinaria y equipo importado) y, en menor medida, a la construcción de nuevas plantas. A la vez, dicha información permite inferir que fue reducido el número de Pymes que accedió a los beneficios promocionales.

 

Un mayor desarrollo puede alcanzarse resolviendo problemas para el transporte y embarque de las piedras minerales ya que los yacimientos están en las zonas interiores de los Andes, por lo tanto la distancia del transporte interior es larga y gravita en la competitividad económica de nuestros yacimientos frente a otros.

 

Los antecedentes mineros muestran con palmaria claridad que, para sentar las bases y despegue de la Mediana y Gran Minería, lo que se requiere imperativamente es el desarrollo vigoroso de la Pequeña Minería y la Minería Artesanal.

 

Solamente en materia de oro, las reservas comprobadas argentinas alcanzan al 4% del total mundial (u$D 40.000 millones) habiéndose explorado apenas un 25% de las áreas probables.

 

Todo esto, en un contexto de análisis que al hacer referencia sólo al ORO hace también una deliberada abstracción de la existencia de nuestros yacimientos de cobre, plata, plomo, hierro, plomo, platino, iridio, etc., o de estos metales existentes como subproductos asociados a estos depósitos de mineral. Lo que también es imprescindible no olvidar, es que estamos haciendo alusión a estudios de evaluación que sólo se relacionan con proyectos de Gran Minería, y que éstos sólo se vinculan con el 30% de la superficie del país.

 

Tampoco se ha hecho alusión a nuestro carbón y, menos aún, a la existencia de un recurso minero no metalífero (calizas, dolomitas, cuarzo, bentonitas, etc.), que, contrariamente a lo que ocurre con todos los demás países con los cuales se comparte la Cordillera de los Andes, es en Argentina donde reconocidamente se encuentran en mayor cantidad y en mayor calidad.

 

Áreas Innovadoras

En general, también debemos concentrarnos en desarrollar capacidades innovadoras y tecnología de procesos, que es lo que genera calificación de recursos humanos y competencia de las empresas.

Sin embargo hay también decenas de emergentes asociados a la creatividad e innovación productiva, que han resistido la prueba de fuego del desfavorable uno a uno.

La economía local también muestra fenómenos explosivos en áreas de diseño industrial, gráfico, de muebles, producción de objetos de decoración de interiores, calzado, tecnología informática y software.

Otros sectores de alto potencial funcionando al máximo nivel de competitividad internacional son el de máquinas agrícolas, tecnología médica, la cadena de valor del gas, que incluye equipos de GNC y equipamiento de uso industrial, así como biotecnología aplicada al negocio agropecuario.

En distintas áreas, sobrevivieron empresas que producen desde satélites meteorológicos, hasta equipos médicos y software de gestión de producción. También Argentina es pionera en biotecnología, desarrollo y fabricación de medicamentos que demuestran el altísimo potencial en actividades intensivas en recursos humanos calificados.

Energía

    Gas

El gas natural es una fuente de energía que en los últimos años ganó importancia a escala mundial por la existencia de importantes reservas, su eficiencia energética, su uso para generación de termoelectricidad y por ser “limpia” desde el punto de vista del impacto ambiental.

Los estudios de CEPAL muestran que la Argentina se encuentra con importantes ventajas competitivas regionales dadas por su ubicación, nivel de reservas, su know how de la actividad, por tener economías de escala, un mercado energético equilibrado y exportaciones consolidadas de los productos de mayor valor agregado del sector como equipos para motores a gas natural comprimido (GNC) y equipamiento para estaciones de servicios.

En el contexto regional, la abundancia relativa de reservas y la existencia de un mercado energético equilibrado (con autoabastecimiento de gas natural, petróleo y sus derivados, y electricidad) transforman a nuestro país es un importante actor porque con la única excepción de Bolivia, los demás países vecinos tienen escasa o nula disponibilidad de gas natural.

Así, Latinoamérica tiene dos grandes oferentes de gas con Bolivia y la Argentina y dos grandes demandantes con Brasil y, en menor medida, Chile. De esta forma, considerando los precios, la productividad y los costos del transporte, el gas argentino tiene importantes ventajas competitivas para abastecer el sur de Brasil (Porto Alegre), Uruguay y Chile (actualmente es el principal cliente, compra cerca de 90% del total del gas exportado por la Argentina).

Considerando las potencialidades –y los problemas– de la producción gasífera la CEPAL realizó proyecciones sobre la demanda, la producción y las reservas para el período 2003-2010, sobre su impacto en la balanza comercial y el empleo.

La producción de gas natural registraría una tasa de crecimiento promedio de 5,3% anual, menor a 7% registrado entre 1993 y 2001, para pasar de los 45.000 millones de m3 actuales a 67.000 millones en 2010. Las reservas crecerían a un ritmo menor al de 5% anual de los ’90, con lo cual la relación producción/reservas pasaría de 16,6 años en 2001 a 11,9 años en 2010.

El crecimiento de la producción estaría impulsado por las exportaciones que, para el período proyectado, crecerían 16% anual. Este incremento de las ventas al exterior aumentaría los ingresos de los U$D 309 millones en 2001 a unos 915 millones en 2010. Hay que destacar que este resultado impactaría plenamente en la balanza comercial del sector por la inexistencia de importaciones de gas. El mercado interno en cambio, crecería a un ritmo menor a 2,8% anual de la década pasada, y la provisión de gas natural para vehículos sería el componente más dinámico.

Mientras que la generación de empleo directo, de acuerdo con las proyecciones de producción, sería de unos 14.200 puestos de trabajo hasta 2010; la indirecta se ubicaría entre los 53.000 y 62.000 nuevos empleos.

Por sus características, en el sector se realizan proyectos si tiene la demanda asegurada y, además, requiere la inversión de grandes sumas de capital con largos plazos de maduración y recupero, por lo cual necesita de un ambiente de negocios y jurídico estable para hacer previsibles la evaluación de las inversiones en las áreas de exploración, explotación, transporte y distribución.

    La electricidad

En materia de electricidad, desde la crisis de comienzos de los ’90 hasta el presente, ha habido una expansión constante de la capacidad instalada en generación (24.482 MWe) de los cuales se están exportando 2634 MWe a los países limítrofes (Brasil, Uruguay y Chile).

Este mercado externo se puede ampliar considerablemente reforzando el ingreso por electricidad, que es un producto de muy alto valor agregado.

Los intercambios futuros sólo son factibles si se realizan las obras de Transporte necesarias en el Sistema Argentino, como la línea NOA-NEA 1 y la línea Comahue-Cuyo y aquellas obras destinadas a alcanzar en cada caso el Nodo Frontera que se plantee para la interconexión.

      La energía y tecnología nuclear

La actividad nuclear se ha internacionalizado y la mayoría de los proyectos se realizan sobre la base de esfuerzos combinados de dos o más países.

Argentina ha logrado una posición como suministrador de tecnología nuclear como demuestran las exportaciones de tecnología con alto valor agregado a Perú, Egipto. Argelia, y más recientemente Australia.

La revitalización de la CNEA puede encontrar soluciones para la aplicación más eficiente de los recursos en nuestra región, donde históricamente se han proyectado los lazos tecnológicos, y donde muchos de los profesionales han sido capacitados por nuestro país en el Centro Atómico Bariloche o entrenados en nuestras empresas.

El control mutuo y contabilidad de materiales nucleares con Brasil ha abierto un marco de confianza y cooperación similar a los existentes en otras regiones como la Unión Europea.

La integración de nuestras capacidades reduciría costos, ampliaría los recursos disponibles y permitiría una fuerte asociación de la capacidad industrial y tecnológica existente en las empresas privadas para la conclusión de las obras pendientes en ambas naciones.

 

Deberíamos pensar, por ejemplo, en la formación de una empresa nuclear binacional, la cual con cuatro centrales en operación y dos en construcción, configuraría una entidad relevante a nivel internacional y podría ser un pilar para el intercambio energético a gran escala con Brasil.

 

Esta decisión seguramente impulsaría otros desarrollos conjuntos en la producción de combustibles, ingeniería de reactores, gestión de residuos radioactivos, formación de recursos humanos y fortalecimiento de la seguridad nuclear y radiológica. Fortalecería también nuestra posición negociadora internacional en relación con las innovaciones en curso en varios países desarrollados.

En la actualidad existe un mercado internacional en torno del uso de los subproductos de la tecnología nuclear, su panorama ofrece un futuro promisorio porque cada vez se utilizan con mayor intensidad los radioisótopos y las radiaciones en la industria, la salud, la producción agropecuaria, la conservación de alimentos.

 

Uno de los elementos desencadenantes de esta difusión fue que el Comité formado por la OMS y la FAO así como la Food and Drug Administration de los EE.UU. regularon formalmente que los alimentos irradiados son aptos para el consumo humano.

Por otra parte, la utilización de radioisótopos en la industria ha constituido un mercado internacional muy dinámico implicado beneficios de miles de millones de dólares en los países industrializados así como ya se ha demostrado que existen gran cantidad de otros usos económicamente viables de la energía nuclear como la propulsión marina, desalinización de agua, generación de vapor industrial, etc.

Un ejemplo de este potencial fue citado por el Dr. Raúl Cuello que en un artículo reciente menciona el desarrollo de “alimentos liofilizados” efectuado según la tecnología del INVAP, que se logran con equipos que no usan bombas de vacío que es el método tradicional y las reemplazan por chorros de vapor hipersónico, una idea que los ingleses no pudieron concretar en la década de ’60 y que desde entonces nadie exploró, excepto los científicos argentinos, con significativo éxito.

Tal tecnología aplicada a la producción de frutas y verduras en 2.500.000 ha, en lugar de las 800.000 que hoy se destinan a tales cultivos, generarían alrededor de 1.000.000 de puestos de trabajo y producirían ingresos adicionales por exportación cercanos a u$s30 mil millones. México adquirió dos plantas con esta tecnología, una de las cuales, ya entregada, se levanta en la actualidad en Querétaro, 350 km. al norte del Distrito Federal.

 

    Industria petroquímica      

Los estudios de CEPAL muestran que el sector petroquímico demandó, en 2001, U$D 1.250 millones de polímeros termoplásticos, representando 73% de la demanda final dirigida a la industria petroquímica. La flexibilidad requerida por los diseños de fabricación y los requerimientos de capital relativamente bajos, hacen de la industria plástica un típico “segmento Pyme”, eslabonado entre actividades caracterizadas, en cambio, por su elevado grado de concentración.

Entre las potencialidades que cuenta el sector para su desarrollo, el estudio de CEPAL señala:       

–Una elevada actualización tecnológica en el parque de maquinarias y equipos del sector, con una capacidad ociosa que permitiría, al menos en una primera etapa, una recuperación del nivel de actividad sin exigencias de nuevas inversiones.  

–Fuerte dinamismo esperado en algunas “industrias cliente”, como las agroindustrias con perfil exportador.

–Disponibilidad de materias primas: actualmente, existe producción local de los seis principales termoplásticos. Por lo tanto, los transformadores cuentan con estructuras de provisión que pueden ofrecer servicio técnico y asistencia en lo que respecta a desarrollo de nuevos productos.

Diseño y Confección

A escala mundial la industria de la confección creció, entre 1980 y 1998, 58,8%; en 2001 el comercio internacional llegó a U$D 195.000 millones, cinco veces más que lo transado en 1980, y los países asiáticos tienen una presencia cada vez más importante.

En la Argentina, la indumentaria es central dentro del sector textil: tiene 51% de las unidades productivas, 30% de los puestos laborales y 27% del valor de la producción del segmento; en el conjunto del sector manufacturero representa 4% del empleo y más de 2% del valor agregado industrial.

Este sector posee dos atributos centrales para impulsar la reactivación: es un sector mano de obra intensivo y casi la totalidad de los establecimientos que lo componen son Pymes. En cuanto al primer aspecto, por las características del proceso productivo se utiliza mucha mano de obra que, tanto por razones tecnológicas como económicas, no puede ser reemplazada por maquinaria; en cuanto a las empresas, del último censo económico se desprende que 99,5% de las 5.225 unidades productivas del sector son Pymes, de las cuales casi tres cuartos son sociedades de hecho, colectivas o unidades unipersonales.

Desde el “efecto Tequila”, en 1995, el sector tuvo fuertes y permanentes caídas de la producción y en 2001 se encontraba 40% por debajo de los valores de 1993; las importaciones aumentaron 68% entre 1995 y 2000; y el consumo cayó 42%. Esto demuestra una de sus principales debilidades, ya que la falta de exportaciones lo hacen depender del ciclo local de la economía y del poder adquisitivo de la población. Sin embargo, 2002 marcó un cambio en la tendencia ya que el tipo de cambio alto favorece las exportaciones y permitió la sustitución de importaciones en el mercado local, pero este desempeño de corto plazo necesita de políticas de largo aliento para hacer competitiva la industria nacional.

Si bien éste es un sector tradicionalmente protegido en los principales mercados, Estados Unidos y Europa, los acuerdos sobre Textiles y Vestido alcanzados en la Organización Mundial de Comercio (OMC) estipulan su progresiva liberalización desde enero de 2005. En este nuevo escenario, con el comercio controlado por los grandes clientes, la industria debe ser capaz de ofrecer productos personalizados a precios de producción masiva; y la rápida reposición de artículos será cada vez más importante para ganar mercados lo que provocaría una fuerte regionalización en torno a Estados Unidos, Europa y Japón.

Industria del cuero, calzado y accesorios

El relevamiento realizado por la CEPAL muestra que a pesar de operar en un mercado interno deprimido, el tipo de cambio alto le permite al sector volver a exportar y sustituir importaciones. Según los datos difundidos por el sector, en 2002 la utilización de la capacidad instalada se encuentra por encima de 70% y, en algunos casos, llega a 100%.

Esta recuperación se da sobre todo en los fabricantes de productos de moda y de alta calidad que rápidamente incrementaron su participación en los mercados de América Latina, Estados Unidos y Europa. También incide la sustitución de importaciones, especialmente de calidad intermedia y baja proveniente de Brasil y del sudeste asiático.

Durante la década pasada el sector registró una caída anual acumulativa de 4,5%, con un fuerte impacto en la desaparición de unidades productivas y pérdida de puestos de trabajo: la información sectorial estima que existen alrededor de 700 fábricas, frente a las 2.500 registradas en el último censo económico y que entre 1995 y 2001 se perdieron 6.600 puestos de trabajo. Las causas de la crisis hay que buscarlas en la apertura económica, la implementación del MERCOSUR y la sobrevaluación del peso, sobre todo en la última mitad de los ’90.

La gestión tecnológica y productiva actual tiene la marca de los ’90: para mantener posición en el mercado desarrollaron una gran cantidad de modelos, pero perdieron eficiencia productiva por aumentos de costos y de tiempos muertos en la producción. Una deficiencia del conjunto es la falta de vinculación con los proveedores con la consecuente falta de calidad y homogeneidad de los insumos, sobre todo con la industria curtidora lo que impide generar manufacturas de cuero con alto valor agregado.

Del lado positivo, no hay atraso tecnológico ni grandes problemas de equipamiento. El despegue de este sector depende de políticas que permitan fortalecer la sustitución de importaciones y la presencia en mercados externos. Entre las más importantes se encuentran: crédito para capital de trabajo y financiación de exportaciones; fomento de la integración vertical y horizontal para ganar en calidad de productos y escala de producción.

Bienes Culturales

Es un área clave de la economía a escala mundial dado el impacto que tiene la producción de bienes y servicios culturales en la generación de valor agregado y empleo.

Los estudios de CEPAL muestran que, del total de ganancias generadas por las industrias culturales, los países iberoamericanos sólo retienen 5%. Sin embargo, en países como la Argentina, el peso de estas actividades sobre el conjunto de la economía es muy importante.

El escenario actual en la economía argentina muestra un altísimo nivel de concentración y transnacionalización de las industrias culturales. Sin embargo, en áreas claves como la industria discográfica, la televisiva y la cinematográfica, el grueso de los productos consumidos son locales.

Los mismos estudios identifican cuatro sub-sectores claves en él área de industrias culturales: industria del libro, discográfica, cinematográfica y televisión. Esas industrias y sus conexas aportaban, en 1994, 8,3% del PBI y 8,9% de los empleos, con alta concentración de los mismos en la ciudad de Buenos Aires. La Argentina, en esto sí, se parece bastante a los países desarrollados: su producción está enfocada a los contenidos, más que a la de soportes.

La exportación de bienes culturales se concentra en cuatro rubros: libros, folletos e impresos (U$D 44 millones en 2001), discos, cintas y soportes para grabación de sonido (U$D 23 millones), diarios y publicaciones periódicas (U$D 21 millones) y películas impresas y reveladas (U$D 13 millones).

La industria gráfica, conexa a la editorial, realizó en los ’90 inversiones importantes, adquiriendo maquinaria de última generación que le permitió ganar en productividad. No obstante, el retraso cambiario la llevó a perder hasta 20% de las ediciones de libros argentinos, a manos de competidores externos.

Existen herramientas de promoción del negocio del libro que pueden hacer muy efectiva propulsión de este sector como la eliminación de restricciones a la hora de liquidar exportaciones, apoyar activamente a editoriales y autores en ferias internacionales y combatir la piratería de libros.

En cuanto al subsector discográfico, el tope de ventas, luego de años de compras masivas de equipos de reproducción, se dio en 1998. Desde entonces, las ventas de CD y casetes no dejaron de caer. Pero luego de la devaluación, algunas actividades de la industria de la música aparecen con mejores perspectivas.

Según CEPAL, uno de esos casos es el de los estudios de grabación, muchos de altísima calidad, que hoy ofrecen precios muy competitivos en el ámbito internacional, atrayendo fundamentalmente a artistas de países limítrofes.

De todas maneras, hasta el momento, dichas “exportaciones de servicios” recién comienzan a ser interesantes.

La venta de derechos de artistas argentinos para editar sus materiales en el exterior, es una oportunidad muy importante para los actores involucrados (especialmente autores, compositores, intérpretes, sellos), ya que como las regalías se pactan en moneda extranjera, se pueden obtener ingresos mucho más altos que los que genera el mercado local.

Además, eso permite el aumento de la difusión en radios y canales de TV extranjeros, que devengan regalías para los autores e intérpretes, y potencian el desarrollo de recitales en el exterior.

CEPAL recomienda aunar esfuerzos para que el país tenga su propia feria internacional de TV orientada fundamentalmente al espacio iberoamericano, de manera de acelerar el tránsito hacia un proyecto de exportación de contenidos televisivos. Aclaran que este tipo de iniciativa debería ser asumida por los distintos actores del medio y apoyada por el Estado Nacional y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Turismo

En Argentina, el turismo es un sector muy dinámico que contrasta con el estancamiento de la economía, porque a diferencia de los índices generales, ha crecido en forma sostenida en los últimos 10 años (150%).

Por su notable evolución, se ha convertido en uno de los sectores más pujantes de la economía. Los gastos de los turistas extranjeros han superado los 3.000 millones de dólares al año, acercándose al monto de nuestras exportaciones de hidrocarburos (petróleo y gas).

Finalmente, el sector turismo muestra ahora un cambio basado en condiciones centrales: mejor oferta de infraestructura de servicios, transporte, comunicación, etc.; pero también en un cambio cualitativo trascendental en el criterio de negocios de las empresas y empresarios dedicados al turismo.

Este desarrollo se verifica mayor-mente en la franja denominada turismo convencional, que acompañó estas tasas de crecimiento de la demanda con inversiones en 403 nuevos establecimientos hoteleros (2001/2) elevando las plazas disponibles hasta 410.000 según los datos oficiales para todo el país.

Pese a este crecimiento concentrado en el turismo tradicional, Argentina también dispone de algunos sitios con características exclusivas, muy atractivas y completamente aprovechables, para el desarrollo de emprendimientos enfocados al turismo ecológico y de aventura de alta calidad como demandan los viajeros del mundo moderno.