
Bases para
un Plan de Negocios
➲ La única verdad
Ya
no resulta seguir aplicando “parches” para morigerar los efectos de la grave
situación que nos agobia; tampoco se debe confundir una buena recepción
“política” del nuevo Gobierno argentino con una buena predisposición económica
hacia la Argentina. Así como una “golondrina no hace verano” una gira
presidencial no “coloca nuevamente a la Argentina en el mundo”, porque la
Nación Argentina es mucho más que su Gobierno.
A
nivel de las grandes políticas de Estado la magia no existe y es muy peligroso
actuar de manera escapista frente a la realidad, porque ésta nos asechará y nos
alcanzará implacablemente más temprano que tarde.
Está
a la vista que, mientras “somos bien recibidos políticamente” todas las negociaciones
en la OMC han sido muy decepcionantes para el país; que dependemos de terceros
para evitar el default total; que ya afrontamos pleitos en las cortes
internacionales por montos gigantescos; que las negociaciones financieras
presentarán restricciones para la actividad interna; y que casi no hay
inversión ni mantenimiento. Estamos destruyendo la dotación de recursos. Nos
estamos “comiendo” el capital y destruyendo el trabajo.
Al
ver a la forma en que la dirigencia del país se concentra en dirimir sus
diferencias de grupo o facción, se comprende que nuestro mayor default no es económico sino político e
institucional.
A
causa de ese “default” se llegó a la
“implosión” del 2001 cuando el valor del P.B.I. argentino se sinceró
repentinamente. La ilusión cambiaria, previa al estallido, mostraba como
verdadera la fantasía de un producto bruto interno de 280.000 millones de
dólares y el ingreso per cápita más
alto de América Latina.
Todo quedó reducido a apenas U$D
168.000 millones.
A nivel del ingreso por habitante
retrocedimos en sólo 20 meses la exorbitancia de 20 años; un récord sólo
igualado por países que sufren catástrofes naturales y la guerra.
La “implosión” ha tenido un efecto devastador sobre la
capacidad del Estado argentino para honrar la deuda pública; porque la caída de
la moneda nacional ha licuado el valor del Producto Bruto Interno pero no el de
las obligaciones del Gobierno, nominadas en moneda extranjera casi en su
totalidad.
Ahora
la deuda externa con su monto de U$D 180.000 millones, es mayor a 100%!
del P.B.I. e involucra 750.000 inversores que tienen 152 tipos distintos de
bonos emitidos en 14 monedas y correspondientes a 8 legislaciones distintas.
La
deuda en cesación de pagos llega a 102.700 millones de dólares superando -por
mucho- el caso de Rusia, que hasta la “implosión” argentina era el más grande
jamás conocido (U$D 31.500 millones).
El proceso de levantamiento del default
es de resultado incierto, debido al tamaño casi increíble de la deuda. Hay que
considerar que, de esa cifra, sólo U$D 35.000 millones es con los organismos
multilaterales (FMI, BM y BID) y, por lo tanto, quedan afuera de toda
reestructuración, ya que dichos organismos no aceptan quitas ni reducciones de
la tasa de interés.
A lo sumo, la Argentina puede lograr una nueva refinanciación, postergando
las fechas de vencimiento. Preservando a las instituciones financieras del
riesgo de pasar a
la categoría "chatarra" los
títulos, porque la deuda del país representa
60% del patrimonio neto del Banco Interamericano de Desarrollo y casi 30% del
patrimonio neto del Banco Mundial.
El resto, es con los inversores privados, argentinos e
internacionales. De estas sumas, hay aproximadamente U$D 70.000 millones en
títulos sujetos a las leyes extranjeras (de los cuales U$D 20.000 millones
están en manos de argentinos) y más de U$D 35.000 millones en los préstamos
garantizados. El Gobierno ha indicado que se reestructurarían estas últimas
categorías, es decir, bastante más de U$D 100.000 millones.
Desde diciembre del 2001 no pagamos a los
acreedores privados y hemos refinanciado a los tropiezos los vencimientos con
los organismos multilaterales. Sin pagar deuda, seguimos
siendo el mismo país en quiebra y los
índices de recuperación son un simple “rebote” de la devaluación y la
sustitución de importaciones.
Sin embargo,
debemos resistir la tentación del autoengaño, tan frecuente en nuestras
tierras. Lo que constituye un gran derrumbe para nosotros, no representa una
amenaza siquiera mínima para el orden internacional. Hace mucho que no tenemos
“peso” en el concierto de las naciones. Y el efecto “contagio” no se ha
producido.
Las
consecuencias nos afectan más que a nadie a nosotros mismos, tal como lo
demuestra el vertiginoso aumento de la pobreza y el descenso del nivel de
ingreso general de la población. El porcentaje de hogares técnicamente “pobres”
pasó de 22% en el 2001 a 45% a principios del 2003.
De
acuerdo un reciente informe de OIT el salario real promedio –para los
trabajadores ocupados- es 60% mas bajo que el existente en 1970.
Según datos oficiales, en el 2003 hay 17.800.000
personas en la pobreza y, cada año que pasa, se agregan otros 500.000. Debemos
ser conscientes que pese a los planes de ayuda –mientras se leen estas líneas-
cada minuto que transcurre hay 57 pobres más, casi cada
segundo un argentino ingresa a la exclusión....se “cae” del mapa de la República.
Metafóricamente, el proceso se asemeja a un barco
accidentado que se inunda más rápido que el agua que su tripulación logra
evacuar. De nada servirían las rencillas entre marineros estableciendo
culpabilidades sobre la fisura del casco. Si nadie trabaja en cerrar la rotura,
se hundirá sin remedio.
Está
muy claro que la solución no provendrá del exterior aunque nos refinancien completamente
las deudas, se practiquen quitas inusuales a los montos adeudados (70 u 80%) y
nos “estiren” los plazos de vencimiento (25 a 30 años) dejando un margen para
reactivar, continuar sustituyendo importaciones y repartir subsidios a los
ciudadanos empobrecidos.
No
existe un “bote salvavidas” que albergue a todos los argentinos.
A
este paso, y aun suponiendo un gran éxito
en esta política de “parches”, nuestra declinación estará asegurada; y es fácil
comprobarlo, de acuerdo a los datos oficiales con los que el Gobierno está negociando: si nuestra economía crece hasta 2010 al 4,5%
anual y la población lo hace al 1%, en 2010 tendríamos un nivel de riqueza por
habitante equivalente al de 1998, habiendo retrocedido (para el 2010) 12 años
en el contexto de un mundo que nos va dejando inexorablemente atrás.
Debemos ser conscientes que esta propuesta argentina para salir
del default roza la fantasía y que, de
concretarse, sería la quita más grande de la historia económica mundial, muy
superior al 38% pedido por Rusia en el ‘98 o el 60% de Ecuador en 1999.
En
ese “mundo ideal”, -suponiendo tasas bajas de crecimiento para el resto del mundo-
acumularíamos un retroceso relativo
de 20 años respecto al resto de los países. Poco importa el debate de si hay plan o no hay plan;
el Gobierno debería sincerar adónde llegaremos con la estrategia que está
aplicando.
A modo de análisis paralelo debemos considerar que, mientras nosotros perdemos el rumbo, Brasil ha puesto en funcionamiento un Plan
- 625.000
millones de dólares al cambio actual- que incluye un programa de obras públicas
(12.425 km de líneas eléctricas, finalización de centrales
eléctricas y nucleares, aumento a 2,2 millones de barriles diarios de petróleo
y la construcción o recuperación de 48.500 km de rutas), creación de 8 millones de puestos de trabajo, de
desarrollo de las industrias siderúrgica, química, de papel y celulosa, y
electrónica, y el lanzamiento de una nueva política industrial con incentivos
fiscales, subsidios y líneas especiales de crédito.
En
base a esta información, podemos preguntarnos: ¿Con qué carácter se integraría
Argentina al MERCOSUR y/o al ALCA?.
➲ Macropolítica
Si
queremos evitar ese destino ominoso es imperioso contar con un conjunto de
reglas económicas e institucionales de largo plazo; es decir, desarrollar un “Plan de Negocios Argentinos” que constituya el motor de nuestro
desarrollo económico. Y aunque parezca algo extraordinario, es una estrategia que
la Argentina -con gran éxito- ha desarrollado hace más de 100 años para
enfrentar y resolver crisis similares.
No
hay que confundir la idea de “plan sustentable” con simples equilibrios fiscales. Es preciso encarar reformas de fondo como,
por ejemplo, una reingeniería completa del sector público argentino para
adecuar el gasto al cumplimiento eficiente de las funciones del Estado. Pero, fundamentalmente hay que crear más
riqueza –mucha más- que la que necesitamos para consumir y cumplir con nuestras
obligaciones.
En la época de Alberdi gobernar era “poblar”, después
a partir de los 70 fue “crear trabajo”, ahora será “generar riqueza”.
Este
ensayo está dirigido a presentar una propuesta movilizadora del enorme
potencial argentino. Está basado en información disponible en el Ministerio de
Economía; y es una exploración incompleta de lo que es posible hacer para
generar riqueza, en lugar de administrar la miseria en forma más o menos justa.
Esto
poco o nada tiene que ver con la sobreactuada cuestión del mercado interno o
externo ni con el debate de consumo o exportación, donde cada factor por sí
sólo es insuficiente para garantizar un efecto definitivo para resolver la
gravísima crisis argentina.
Necesitamos
algo más sólido y definitivo que garantice el verdadero crecimiento en un agresivo
programa de expansión económica. Para superar
la crisis en que nos encontramos, el mercado a conquistar no es la Pampa Húmeda
sino el mundo globalizado.
La
Argentina está en condiciones de plantear una estrategia de crecimiento
liderada por las exportaciones e inducida por inversiones en los sectores
productores de bienes transables.
Como
se trata de un ensayo, es perfectible. Espera ser enriquecido por otros aportes
de quienes consideren su responsabilidad para coadyuvar al establecimiento de
una estrategia económica que funcione; y también para mantener esa estrategia
en operación en el contexto de los cambios y oportunidades internacionales que
sobrevendrán.
➲ Las
¿Qué
sectores tienen el potencial de ser “locomotoras de crecimiento” de la economía
argentina? Estudios recientes de CEPAL, confirman que el país tiene áreas
emergentes interesantes, con alto valor agregado y, al mismo tiempo, muestran
una consolidación importante de rubros como el agropecuario o el energético,
con capacidad para producir un “efecto tractor” sobre el crecimiento futuro.
La convertibilidad redefinió por la
fuerza la estructura productiva de la Argentina y estableció un cuadro de
sectores sobrevivientes que, guste o no, será la guía de cualquier intento de
recuperación sostenida, junto a sectores nuevos en los que el país tiene
potencial y ventajas.
Los últimos estudios sectoriales
demuestran que la Argentina tiene por delante la posibilidad de definir un
esquema de crecimiento productivo basado en varias “locomotoras” de crecimiento
que permiten pensar en términos de mercado globalizado.
La
mayoría de estos sectores pueden competir exitosamente en el mercado globalizado.
El comercio externo argentino representa apenas el 0,4% del comercio mundial de
bienes. Apenas si exportamos un 7.2 % de nuestro PBI por lo que -en una
estrategia de 3 a cuatro años- podríamos triplicar nuestras ventas al exterior
multiplicando el número de empresas y sectores que exportan y llegando a
mercados más diversificados.
Gran parte de la estrategia de crecimiento consiste en
elaborar y ejecutar programas sectoriales en base a metas esperadas. Cada uno
de estos programas estratégicos debe establecer con precisión el objetivo a
alcanzar, la factibilidad y las acciones gubernamentales que se requieren para
lograrlo. Las tácticas y todos los aspectos operativos deberían ser
responsabilidad exclusiva del sector privado que, como es lógico reaccionará
adecuadamente ante los estímulos correctos.
El Estado debe aportar la eliminación de los impuestos
anti productivos y distorsivos para la comercialización de la producción
argentina.
Complejo Agroindustrial
A primera vista, resulta evidente la capacidad
del complejo agropecuario gracias a la masiva incorporación de tecnología en la
década de los años ’90, así como la creciente integración de sus cadenas de
valor. Este sector ha sido y es muy dinámico; está en condiciones de continuar
su histórico aporte al crecimiento económico.
En la actualidad es el principal
proveedor de divisas del país 13.600 millones de dólares: los productos
agropecuarios (primarios y manufacturas de origen agropecuario) representan 50%
de las exportaciones totales. El estudio de la CEPAL confirma que la estructura
del sector agropecuario cambió positivamente respecto de los productos de alto
valor que más crecieron en el comercio internacional: entre 1991 y 2001 el
incremento fue 130%.
Argentina es ya primer exportador mundial
de aceite de soja, aceite de girasol, pellets de soja, pellets de girasol,
harina de soja, limones y miel.
Actualmente se exportan alimentos más
sofisticados y productos exóticos que no se vendían una década atrás, como
frutas finas, kiwis, papas pre-fritadas y hortalizas congeladas; junto a otros
como vinos, aceitunas, uvas de mesa, aceites esenciales o espárragos que
multiplicaron sus volúmenes comercializados. Estos productos tienen una enorme
capacidad de expansión porque representan un escaso 5% del total de las
exportaciones agropecuarias; su importancia consiste en su versatilidad frente
a las nuevas tendencias del mercado mundial y por consiguiente constituyen una
clara oportunidad de negocios para aumentar las ventas al exterior.
Existe una sólida tendencia en los
países de medianos y altos ingresos a demandar productos frescos, “naturales”,
asociados a cualidades relacionadas con la salud, el placer y el estatus. En
este terreno, las ventajas de la Argentina son enormes, porque a la tradicional
disponibilidad de recursos naturales para el agro le suma condiciones
ecológicas que, en muchas regiones, le permiten no utilizar –o utilizar muy
pocos– productos fertilizantes, plaguicidas o herbicidas. De esta forma, estos
bienes pueden ser catalogados como orgánicos o con bajo contenido de sustancias
sintéticas.
Es posible diseñar medidas para
fomentar mayor encadenamiento de actividades para aprovechar a fondo recursos
que, de otro modo, quedan en el estadio de los meros commodities. Se puede trabajar en base a productos elaborados de
carnes, frutas, mieles, granos, leche y sus derivados, los cítricos (jugos,
bebidas, esencias) fármacos y cosméticos incorporando el aporte de
biotecnología y aprovechando las propiedades favorables de nuestra “iluminación
fría”.
Esta
acción derribaría las barreras proteccionistas que afectan a los commodities. Es en las cadenas
agroindustriales donde el desafío es desarrollar nichos de productos con
diferenciación y marcas.
Adicionalmente, el desarrollo de este
tipo de producciones potencia los efectos multiplicadores, la creación de
empleo, y amplía la actividad económica a diversas zonas del país, creando
polos de crecimiento regionales con una importante presencia de Pymes. Por otra
parte, permitiría diversificar el destino de las exportaciones que actualmente
se concentra en Brasil (50%), Sudáfrica (15%), China (10%) y España (7%).
Las recomendaciones estratégicas de la
CEPAL apuntan a valorizar la oferta mejorando la sanidad y la calidad,
desarrollar e imponer la marca país
y avanzar en una alianza estratégica entre el sector público y el privado que
fortalezca institucionalmente el dinamismo de la producción, algo que no
depende más que de decisiones internas.
La industria pesquera argentina tiene uno de los
porcentajes mas altos de participación de la producción derivada hacia la
exportación, alcanzando el 80% de la misma. Esta sola circunstancia hubiera
justificado otorgarle una alta prioridad en las preocupaciones de los sucesivos
gobiernos que proclamaron
su interés en expandir nuestras ventas al exterior.
Pero ello no fue así, lo cual ha fragilizado la situación de esta actividad
relativamente nueva.
Nuestra plataforma continental, representa ocho veces
la de Noruega, tres veces la de Nueva Zelandia, un 35% de la de Australia y
sólo un 30% de la de Canadá. En las aguas bajo jurisdicción argentina habitan
416 especies de peces, a los que debemos agregar varios crustáceos y moluscos. De
esas 416 especies, sólo 90 (21.6%) son considerados de interés pesquero y este
número puede reducirse drásticamente teniendo en cuenta su abundancia.
Nos da una idea de esto el hecho de que, normalmente,
las especies cuya captura es regulada por la autoridad de aplicación no superan
las 28 (6.7%).
Para dar una idea de la importancia de nuestra pesca a
nivel mundial podemos decir que Argentina ha ocupado, en la década 1985 - 1994,
alrededor del puesto 22. Esta posición mejoró hasta colocarse en el puesto 16
en 1997 con 1.351.066 toneladas capturadas, con un costo inaceptable: una
alarmante
sobrepesca de la merluza común.
Para dar una idea de la ubicación de nuestro país
respecto de otros Estados sudamericanos en 1998 (últimas estadísticas de FAO)
digamos que Perú (5º) pescó 4.338.437 ton., Chile (7º), 3.265.306 ton.y Brasil
(25º), 708.332 ton.
La pesca es un poderoso generador de riqueza y empleo
siempre que la actividad se base en una pesquería sustentable y económicamente rentable,
con un profundo desarrollo tecnológico y no el otorgamiento “bajo la mesa” de
permisos para el saqueo sistemático de las riquezas comunes.
Una gran expansión de la producción de pescado puede
provenir de la acuicultura, dadas las extraordinarias condiciones naturales del
país que cuenta con sufrientes fuentes de agua para esta industria.
La producción acuícola mundial llega a 35 millones de
toneladas, representando un 25% de la totalidad de la pesca con un valor de
46.000 millones de dólares al año. El consumo mundial viene creciendo
sostenidamente (30% en los últimos 5 años).
Las enormes posibilidades argentinas quedan de
manifiesto si consideramos que actualmente participamos con sólo el 0.5 % de
ese gran mercado internacional.
Programa
minero
Argentina posee un alto potencial en recursos
minerales metálicos como el oro, plata y cobre por su ubicación geológica, al
encontrarse al este de Chile y al sur de Bolivia. Sin embargo, la minería en
Argentina no ha sido muy activa hasta ahora.
En los años 90, se logró cierto progreso en la
exportación y el desarrollo de la minería, con el ajuste de las regulaciones
relacionadas, el relevamiento de las zonas mineras y el influjo de capital
extranjero.
Un
estudio realizado por la Dirección Nacional de Minería sobre el impacto de la
devaluación del peso argentino en el sector muestra que, tanto la actividad
exploratoria como la producción de metalíferos a gran escala, se tornan
fuertemente competitivos y podrían atraer en el mediano plazo inversiones de
riesgo para el sector.
Los informes de CEPAL aclaran que, si bien no se dispone de información sobre
la dinámica de inversiones de las empresas mineras de capital nacional,
preponderantemente Pymes que operan en los subsectores no metalífero y rocas de
aplicación, se puede deducir –a partir de la información del registro de la ley
de Inversiones– que un grupo de firmas realizó inversiones orientadas a la
reconversión productiva y modernización (por vía de la incorporación de
maquinaria y equipo importado) y, en menor medida, a la construcción de nuevas
plantas. A la vez, dicha información permite inferir que fue reducido el número
de Pymes que accedió a los beneficios promocionales.
Un mayor desarrollo puede alcanzarse resolviendo
problemas para el transporte y embarque de las piedras minerales ya que los
yacimientos están en las zonas interiores de los Andes, por lo tanto la
distancia del transporte interior es larga y gravita en la competitividad
económica de nuestros yacimientos frente a otros.
Los
antecedentes mineros muestran con palmaria claridad que, para sentar las bases
y despegue de la Mediana y Gran Minería, lo que se requiere imperativamente es
el desarrollo vigoroso de la Pequeña Minería y la Minería Artesanal.
Solamente en materia de oro, las reservas comprobadas
argentinas alcanzan al 4% del total mundial (u$D 40.000 millones) habiéndose
explorado apenas un 25% de las áreas probables.
Todo esto, en un contexto de análisis que al hacer
referencia sólo al ORO hace también una deliberada abstracción de la existencia
de nuestros yacimientos de cobre, plata, plomo, hierro, plomo, platino, iridio,
etc., o de estos metales existentes como subproductos asociados a estos
depósitos de mineral. Lo que también es imprescindible no olvidar, es que
estamos haciendo alusión a estudios de evaluación que sólo se relacionan con
proyectos de Gran Minería, y que éstos sólo se vinculan con el 30% de la
superficie del país.
Tampoco se ha hecho alusión a nuestro carbón y, menos
aún, a la existencia de un recurso minero no metalífero (calizas, dolomitas,
cuarzo, bentonitas, etc.), que, contrariamente a lo que ocurre con todos los
demás países con los cuales se comparte la Cordillera de los Andes, es en
Argentina donde reconocidamente se encuentran en mayor cantidad y en mayor
calidad.
Áreas
Innovadoras
En general, también debemos concentrarnos
en desarrollar capacidades innovadoras y tecnología de procesos, que es lo que
genera calificación de recursos humanos y competencia de las empresas.
Sin embargo hay también decenas de
emergentes asociados a la creatividad e innovación productiva, que han
resistido la prueba de fuego del desfavorable uno a uno.
La economía local también muestra
fenómenos explosivos en áreas de diseño industrial, gráfico, de muebles,
producción de objetos de decoración de interiores, calzado, tecnología
informática y software.
Otros sectores de alto potencial
funcionando al máximo nivel de competitividad internacional son el de máquinas
agrícolas, tecnología médica, la cadena de valor del gas, que incluye equipos
de GNC y equipamiento de uso industrial, así como biotecnología aplicada al
negocio agropecuario.
En distintas áreas, sobrevivieron
empresas que producen desde satélites meteorológicos, hasta equipos médicos y
software de gestión de producción. También Argentina es pionera en
biotecnología, desarrollo y fabricación de medicamentos que demuestran el
altísimo potencial en actividades intensivas en recursos humanos calificados.
Energía
Gas
El gas natural es una fuente de
energía que en los últimos años ganó importancia a escala mundial por la
existencia de importantes reservas, su eficiencia energética, su uso para
generación de termoelectricidad y por ser “limpia” desde el punto de vista del
impacto ambiental.
Los estudios de CEPAL
muestran que la Argentina se encuentra con importantes ventajas competitivas regionales
dadas por su ubicación, nivel de reservas, su know
how de
la actividad, por tener economías de escala, un mercado energético equilibrado
y exportaciones consolidadas de los productos de mayor valor agregado del
sector como equipos para motores a gas natural comprimido (GNC) y equipamiento
para estaciones de servicios.
En el contexto regional, la abundancia
relativa de reservas y la existencia de un mercado energético equilibrado (con autoabastecimiento
de gas natural, petróleo y sus derivados, y electricidad) transforman a nuestro
país es un importante actor porque con la única excepción de Bolivia, los demás
países vecinos tienen escasa o nula disponibilidad de gas natural.
Así, Latinoamérica tiene dos grandes
oferentes de gas con Bolivia y la Argentina y dos grandes demandantes con
Brasil y, en menor medida, Chile. De esta forma, considerando los precios, la
productividad y los costos del transporte, el gas argentino tiene importantes
ventajas competitivas para abastecer el sur de Brasil (Porto Alegre), Uruguay y
Chile (actualmente es el principal cliente, compra cerca de 90% del total del
gas exportado por la Argentina).
Considerando las potencialidades –y
los problemas– de la producción gasífera la CEPAL realizó proyecciones sobre la
demanda, la producción y las reservas para el período 2003-2010, sobre su
impacto en la balanza comercial y el empleo.
La producción de gas natural
registraría una tasa de crecimiento promedio de 5,3% anual, menor a 7%
registrado entre 1993 y 2001, para pasar de los 45.000 millones de m3 actuales
a 67.000 millones en 2010. Las reservas crecerían a un ritmo menor al de 5%
anual de los ’90, con lo cual la relación producción/reservas pasaría de 16,6
años en 2001 a 11,9 años en 2010.
El crecimiento de la producción estaría
impulsado por las exportaciones que, para el período proyectado, crecerían 16%
anual. Este incremento de las ventas al exterior aumentaría los ingresos de los
U$D 309 millones en 2001 a unos 915 millones en 2010. Hay que destacar que este
resultado impactaría plenamente en la balanza comercial del sector por la
inexistencia de importaciones de gas. El mercado interno en cambio, crecería a
un ritmo menor a 2,8% anual de la década pasada, y la provisión de gas natural
para vehículos sería el componente más dinámico.
Mientras que la generación de empleo
directo, de acuerdo con las proyecciones de producción, sería de unos 14.200
puestos de trabajo hasta 2010; la indirecta se ubicaría entre los 53.000 y
62.000 nuevos empleos.
Por sus características, en el sector
se realizan proyectos si tiene la demanda asegurada y, además, requiere la
inversión de grandes sumas de capital con largos plazos de maduración y
recupero, por lo cual necesita de un ambiente de negocios y jurídico estable
para hacer previsibles la evaluación de las inversiones en las áreas de
exploración, explotación, transporte y distribución.
La electricidad
En materia de
electricidad, desde la crisis de comienzos de los ’90 hasta el presente, ha
habido una expansión constante de la capacidad instalada en generación (24.482
MWe) de los cuales se están exportando 2634 MWe a los países limítrofes
(Brasil, Uruguay y Chile).
Este mercado externo
se puede ampliar considerablemente reforzando el ingreso por electricidad, que
es un producto de muy alto valor agregado.
Los intercambios futuros sólo son factibles si se realizan las obras de
Transporte necesarias en el Sistema Argentino, como la línea NOA-NEA 1 y la
línea Comahue-Cuyo y aquellas obras destinadas a alcanzar en cada caso el Nodo
Frontera que se plantee para la interconexión.
La energía y
tecnología nuclear
La actividad nuclear se ha internacionalizado y la mayoría de los
proyectos se realizan sobre la base de esfuerzos combinados de dos o más
países.
Argentina ha logrado una posición como suministrador de tecnología
nuclear como demuestran las exportaciones de tecnología con alto valor agregado
a Perú, Egipto. Argelia, y más recientemente Australia.
La revitalización de la CNEA puede encontrar soluciones para la
aplicación más eficiente de los recursos en nuestra región, donde
históricamente se han proyectado los lazos tecnológicos, y donde muchos de los
profesionales han sido capacitados por nuestro país en el Centro Atómico
Bariloche o entrenados en nuestras empresas.
El control mutuo y contabilidad de materiales nucleares con Brasil ha
abierto un marco de confianza y cooperación similar a los existentes en otras
regiones como la Unión Europea.
La integración de nuestras capacidades reduciría costos, ampliaría los
recursos disponibles y permitiría una fuerte asociación de la capacidad
industrial y tecnológica existente en las empresas privadas para la conclusión
de las obras pendientes en ambas naciones.
Deberíamos pensar, por ejemplo, en la formación de una empresa nuclear
binacional, la cual con cuatro centrales en operación y dos en construcción,
configuraría una entidad relevante a nivel internacional y podría ser un pilar
para el intercambio energético a gran escala con Brasil.
Esta decisión seguramente impulsaría otros
desarrollos conjuntos en la producción de combustibles, ingeniería de
reactores, gestión de residuos radioactivos, formación de recursos humanos y
fortalecimiento de la seguridad nuclear y radiológica. Fortalecería también
nuestra posición negociadora internacional en relación con las innovaciones en
curso en varios países desarrollados.
En la actualidad existe un mercado internacional en torno del uso de
los subproductos de la tecnología nuclear, su panorama ofrece un futuro
promisorio porque cada vez se utilizan con mayor intensidad los radioisótopos y
las radiaciones en la industria, la salud, la producción agropecuaria, la
conservación de alimentos.
Uno de los elementos desencadenantes de esta difusión fue que el
Comité formado por la OMS y la FAO así como la Food and Drug Administration de
los EE.UU. regularon formalmente que los alimentos irradiados son aptos para el
consumo humano.
Por otra parte, la utilización de radioisótopos en la industria ha
constituido un mercado internacional muy dinámico implicado beneficios de miles
de millones de dólares en los países industrializados así como ya se ha
demostrado que existen gran cantidad de otros usos económicamente viables de la
energía nuclear como la propulsión marina, desalinización de agua, generación
de vapor industrial, etc.
Un
ejemplo de este potencial fue citado por el Dr. Raúl Cuello que en un artículo
reciente menciona el desarrollo de “alimentos liofilizados” efectuado según la
tecnología del INVAP, que se logran con equipos que no usan bombas de vacío que
es el método tradicional y las reemplazan por chorros de vapor hipersónico, una
idea que los ingleses no pudieron concretar en la década de ’60 y que desde
entonces nadie exploró, excepto los científicos argentinos, con significativo
éxito.
Tal tecnología aplicada a la producción de frutas y verduras en 2.500.000 ha,
en lugar de las 800.000 que hoy se destinan a tales cultivos, generarían
alrededor de 1.000.000 de puestos de trabajo y producirían ingresos adicionales
por exportación cercanos a u$s30 mil millones. México adquirió dos plantas con
esta tecnología, una de las cuales, ya entregada, se levanta en la actualidad
en Querétaro, 350 km. al norte del Distrito Federal.
Industria petroquímica
Los estudios de CEPAL muestran que el sector petroquímico demandó, en 2001, U$D
1.250 millones de polímeros termoplásticos, representando 73% de la demanda
final dirigida a la industria petroquímica. La flexibilidad requerida por los
diseños de fabricación y los requerimientos de capital relativamente bajos,
hacen de la industria plástica un típico “segmento Pyme”, eslabonado entre
actividades caracterizadas, en cambio, por su elevado grado de concentración.
Entre las potencialidades que cuenta
el sector para su desarrollo, el estudio de CEPAL señala:
–Una elevada actualización tecnológica en el parque de maquinarias y equipos
del sector, con una capacidad ociosa que permitiría, al menos en una primera
etapa, una recuperación del nivel de actividad sin exigencias de nuevas
inversiones.
–Fuerte dinamismo esperado en algunas
“industrias cliente”, como las agroindustrias con perfil exportador.
–Disponibilidad de materias primas:
actualmente, existe producción local de los seis principales termoplásticos.
Por lo tanto, los transformadores cuentan con estructuras de provisión que
pueden ofrecer servicio técnico y asistencia en lo que respecta a desarrollo de
nuevos productos.
Diseño
y Confección
A escala mundial la industria de la
confección creció, entre 1980 y 1998, 58,8%; en 2001 el comercio internacional
llegó a U$D 195.000 millones, cinco veces más que lo transado en 1980, y los
países asiáticos tienen una presencia cada vez más importante.
En la Argentina, la indumentaria es
central dentro del sector textil: tiene 51% de las unidades productivas, 30% de
los puestos laborales y 27% del valor de la producción del segmento; en el
conjunto del sector manufacturero representa 4% del empleo y más de 2% del
valor agregado industrial.
Este sector posee dos atributos
centrales para impulsar la reactivación: es un sector mano de obra intensivo y
casi la totalidad de los establecimientos que lo componen son Pymes. En cuanto
al primer aspecto, por las características del proceso productivo se utiliza
mucha mano de obra que, tanto por razones tecnológicas como económicas, no
puede ser reemplazada por maquinaria; en cuanto a las empresas, del último
censo económico se desprende que 99,5% de las 5.225 unidades productivas del
sector son Pymes, de las cuales casi tres cuartos son sociedades de hecho,
colectivas o unidades unipersonales.
Desde el “efecto Tequila”, en 1995, el
sector tuvo fuertes y permanentes caídas de la producción y en 2001 se
encontraba 40% por debajo de los valores de 1993; las importaciones aumentaron
68% entre 1995 y 2000; y el consumo cayó 42%. Esto demuestra una de sus
principales debilidades, ya que la falta de exportaciones lo hacen depender del
ciclo local de la economía y del poder adquisitivo de la población. Sin
embargo, 2002 marcó un cambio en la tendencia ya que el tipo de cambio alto
favorece las exportaciones y permitió la sustitución de importaciones en el
mercado local, pero este desempeño de corto plazo necesita de políticas de
largo aliento para hacer competitiva la industria nacional.
Si bien éste es un sector
tradicionalmente protegido en los principales mercados, Estados Unidos y
Europa, los acuerdos sobre Textiles y Vestido alcanzados en la Organización
Mundial de Comercio (OMC) estipulan su progresiva liberalización desde enero de
2005. En este nuevo escenario, con el comercio controlado por los grandes
clientes, la industria debe ser capaz de ofrecer productos personalizados a
precios de producción masiva; y la rápida reposición de artículos será cada vez
más importante para ganar mercados lo que provocaría una fuerte regionalización
en torno a Estados Unidos, Europa y Japón.
Industria
del cuero, calzado y accesorios
El relevamiento realizado por la CEPAL
muestra que a pesar de operar en un mercado interno deprimido, el tipo de
cambio alto le permite al sector volver a exportar y sustituir importaciones.
Según los datos difundidos por el sector, en 2002 la utilización de la
capacidad instalada se encuentra por encima de 70% y, en algunos casos, llega a
100%.
Esta recuperación se da sobre todo en
los fabricantes de productos de moda y de alta calidad que rápidamente
incrementaron su participación en los mercados de América Latina, Estados
Unidos y Europa. También incide la sustitución de importaciones, especialmente
de calidad intermedia y baja proveniente de Brasil y del sudeste asiático.
Durante la década pasada el sector
registró una caída anual acumulativa de 4,5%, con un fuerte impacto en la
desaparición de unidades productivas y pérdida de puestos de trabajo: la
información sectorial estima que existen alrededor de 700 fábricas, frente a
las 2.500 registradas en el último censo económico y que entre 1995 y 2001 se
perdieron 6.600 puestos de trabajo. Las causas de la crisis hay que buscarlas
en la apertura económica, la implementación del MERCOSUR y la sobrevaluación
del peso, sobre todo en la última mitad de los ’90.
La gestión tecnológica y productiva
actual tiene la marca de los ’90: para mantener posición en el mercado
desarrollaron una gran cantidad de modelos, pero perdieron eficiencia
productiva por aumentos de costos y de tiempos muertos en la producción. Una
deficiencia del conjunto es la falta de vinculación con los proveedores con la
consecuente falta de calidad y homogeneidad de los insumos, sobre todo con la
industria curtidora lo que impide generar manufacturas de cuero con alto valor agregado.
Del lado positivo, no hay atraso
tecnológico ni grandes problemas de equipamiento. El despegue de este sector
depende de políticas que permitan fortalecer la sustitución de importaciones y
la presencia en mercados externos. Entre las más importantes se encuentran:
crédito para capital de trabajo y financiación de exportaciones; fomento de la
integración vertical y horizontal para ganar en calidad de productos y escala
de producción.
Bienes
Culturales
Es un área clave de la economía a
escala mundial dado el impacto que tiene la producción de bienes y servicios
culturales en la generación de valor agregado y empleo.
Los estudios de CEPAL muestran que,
del total de ganancias generadas por las industrias culturales, los países
iberoamericanos sólo retienen 5%. Sin embargo, en países como la Argentina, el
peso de estas actividades sobre el conjunto de la economía es muy importante.
El escenario actual en la economía
argentina muestra un altísimo nivel de concentración y transnacionalización de
las industrias culturales. Sin embargo, en áreas claves como la industria
discográfica, la televisiva y la cinematográfica, el grueso de los productos
consumidos son locales.
Los mismos estudios identifican cuatro
sub-sectores claves en él área de industrias culturales: industria del libro,
discográfica, cinematográfica y televisión. Esas industrias y sus conexas
aportaban, en 1994, 8,3% del PBI y 8,9% de los empleos, con alta concentración
de los mismos en la ciudad de Buenos Aires. La Argentina, en esto sí, se parece
bastante a los países desarrollados: su producción está enfocada a los
contenidos, más que a la de soportes.
La exportación de bienes culturales se
concentra en cuatro rubros: libros, folletos e impresos (U$D 44 millones en
2001), discos, cintas y soportes para grabación de sonido (U$D 23 millones),
diarios y publicaciones periódicas (U$D 21 millones) y películas impresas y
reveladas (U$D 13 millones).
La industria gráfica, conexa a la
editorial, realizó en los ’90 inversiones importantes, adquiriendo maquinaria
de última generación que le permitió ganar en productividad. No obstante, el
retraso cambiario la llevó a perder hasta 20% de las ediciones de libros
argentinos, a manos de competidores externos.
Existen herramientas de promoción del
negocio del libro que pueden hacer muy efectiva propulsión de este sector como
la eliminación de restricciones a la hora de liquidar exportaciones, apoyar
activamente a editoriales y autores en ferias internacionales y combatir la
piratería de libros.
En cuanto al subsector discográfico,
el tope de ventas, luego de años de compras masivas de equipos de reproducción,
se dio en 1998. Desde entonces, las ventas de CD y casetes no dejaron de caer.
Pero luego de la devaluación, algunas actividades de la industria de la música
aparecen con mejores perspectivas.
Según CEPAL, uno de esos casos es el
de los estudios de grabación, muchos de altísima calidad, que hoy ofrecen
precios muy competitivos en el ámbito internacional, atrayendo fundamentalmente
a artistas de países limítrofes.
De todas maneras, hasta el momento,
dichas “exportaciones de servicios” recién comienzan a ser interesantes.
La venta de derechos de artistas
argentinos para editar sus materiales en el exterior, es una oportunidad muy
importante para los actores involucrados (especialmente autores, compositores,
intérpretes, sellos), ya que como las regalías se pactan en moneda extranjera,
se pueden obtener ingresos mucho más altos que los que genera el mercado local.
Además, eso permite el aumento de la
difusión en radios y canales de TV extranjeros, que devengan regalías para los
autores e intérpretes, y potencian el desarrollo de recitales en el exterior.
CEPAL recomienda aunar esfuerzos para
que el país tenga su propia feria internacional de TV orientada fundamentalmente
al espacio iberoamericano, de manera de acelerar el tránsito hacia un proyecto
de exportación de contenidos televisivos. Aclaran que este tipo de iniciativa
debería ser asumida por los distintos actores del medio y apoyada por el Estado
Nacional y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Turismo
En Argentina,
el turismo es un sector muy dinámico que contrasta con el estancamiento de la
economía, porque a diferencia de los índices generales, ha crecido en forma
sostenida en los últimos 10 años (150%).
Por su notable
evolución, se ha convertido en uno de los sectores más pujantes de la economía.
Los gastos de los turistas extranjeros han superado los 3.000 millones de
dólares al año, acercándose al monto de nuestras exportaciones de hidrocarburos
(petróleo y gas).
Finalmente, el sector turismo muestra
ahora un cambio basado en condiciones centrales: mejor oferta de
infraestructura de servicios, transporte, comunicación, etc.; pero también en
un cambio cualitativo trascendental en el criterio de negocios de las empresas
y empresarios dedicados al turismo.
Este desarrollo se verifica mayor-mente en la
franja denominada turismo convencional, que acompañó estas tasas de crecimiento
de la demanda con inversiones en 403 nuevos establecimientos hoteleros (2001/2)
elevando las plazas disponibles hasta 410.000 según los datos oficiales para todo
el país.
Pese a este
crecimiento concentrado en el turismo tradicional, Argentina también dispone de
algunos sitios con características exclusivas, muy atractivas y completamente
aprovechables, para el desarrollo de emprendimientos enfocados al turismo ecológico
y de aventura de alta calidad como demandan los viajeros del mundo moderno.